Santiago de Cuba,

DECODIFICANDO familias

"Yo quiero darle el mundo"

18 June 2023 Escrito por 

Por las mañanas se les veía juntos, también en las tardes. Roberto estudió conmigo y se graduó en la Secundaria Básica Espino-Fernández, con el esfuerzo y el sudor de la frente de su padre.

Admiraba en aquel entonces a ese señor, ahora que veo a su hijo -mi amigo en lo personal- convertido en un hombre de bien, lo admiro más. Nunca, hasta este momento, le había preguntado de sus peripecias para conducir solo por el camino correcto, o de la clave del éxito. Jorge Fernández Domínguez, lo narró como un camino, en el cual el faro y la inspiración los componían dos pequeñas manitas:

“Nació el 13 de septiembre de 1996, yo tenía 47 años y dos hijos que viven en La Habana. La pareja piensa en la estabilidad, pero no siempre es así por situaciones de la vida. Su madre y yo nos separamos.

“Lo crié en el campo, pero me enfermé de leptospirosis siendo él aún muy pequeño. Estuve ingresado grave de muerte 17 días en el  Saturnino Lora; en ese tiempo la madre se lo llevó con ella. Posteriormente me lo volvió a entregar. Entonces tenía cuatro años.

“Los médicos me sugieren que abandone la finca por mis problemas de salud, y lo traigo para Santiago. Aquí hizo desde el preescolar hasta el sexto grado en la escuela Miguel Ángel Cano Domínguez y la Secundaria Básica en la Espino-Fernández. En aquel momento me fabricaron una casita en Sevilla, donde estuvimos viviendo; viajábamos todos los días de un lugar a otro, recorriendo largas distancias, atravesando por lo impensable. Luego se becó para cursar un Técnico Medio Forestal y con posterioridad uno en Agronomía.

“Ahí se ganó el carné de la juventud. Por sus méritos, cuando lo citaron para el servicio militar, se lo llevan a la frontera en la Base Naval de Guantánamo, como zapador.

“Para mí ha sido un orgullo; he hecho el esfuerzo que un buen padre debe hacer para criar a su hijo solo. No quise casarme más para no obstaculizar su vida”.

Jorge sí le temía a los retos, era asumir un bebé, cambiar pañales, cocinar, lavar, planchar, “hacer de todo. Criar a tiempo completo, es un esfuerzo bastante grande; te olvidas de los placeres. Es darle atención, no dejarlo solo; afrontar situaciones complejas incluso si se está enfermo.

“A veces sentí que no era suficiente, que no había fuerzas, que estaba fallando; pero acaso el amor no es el sentimiento más fuerte para seguir adelante. Luché porque fuera una persona de valores y lo conseguí. Él me dio un nietecito que es mi vida. Todos los domingos lo voy a visitar en casa de la abuela”.

Jorge continúa el diálogo, explicando sus múltiples oficios para sacar adelante a Roberto, desde la atención del área verde de una institución docente, custodio, electricista de mantenimiento, trabajador de la empresa forestal... Recientemente permutó para que su hijo tuviera una casa en la ciudad. Desea dejarlo todo en orden, pero a sus 73 años le queda mucho en el reino de este mundo por seguir batallando para la felicidad de su niño, Roberto Fernández Debrosse, quien resume su felicitación por el Día de los Padres como sigue:

“Todo lo que soy y lo que sé es gracias a él. Yo quiero darle el mundo”. 

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M.Sc. Milagros Alonso Pérez

Licenciada en Periodismo. Máster en Estudios de Lengua y Discursos. Graduada de los posgrados de Gestión, Redacción y Publicación de Artículos Científicos en Ciencias Sociales y Humanísticas y de Gestión de Redes Sociales. Profesora Instructora de la Universidad de Oriente. Periodista del Sierra Maestra.

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