Santiago de Cuba,

Especiales

Nuestro empeño es acercarnos a la vida de una oftalmóloga que es añorada por decenas de pacientes que cada día la esperan en el Centro Oftalmológico, anexo al Hospital General Dr. Juan Bruno Zayas Alfonso, en Santiago de Cuba.

Aunque al Che suele asociarse con las montañas de la Sierra Maestra y la histórica batalla de Santa Clara, la ciudad de Santiago de Cuba también ocupó un lugar en su trayectoria revolucionaria.

A Yulia Nela González Bazán el día le empieza antes de que salga el sol. A decir verdad, empieza la noche anterior.

Habíamos acordado hablar de la bahía. Era uno de los temas por abordar aquella noche en que, aun cuando la música sonaba a una cuadra, Fernando Boytel Jambú me invitó a ponerme de pie y pararme como él, marcialmente en atención en el portal de su casa, en calle 8 del reparto Vista Alegre. Hasta que finalizó la marcha patriótica compuesta por Perucho Figueredo estuvimos así. Porque Boytel decía que cualquier cubano, si su oído capta el Himno Nacional, tiene que pararse a saludarlo, solemnemente. Recordé la anécdota, al mirar fotos de la bahía santiaguera que si bien no es tan profunda (unos 27 pies promedio) como la de Cienfuegos (unos 150 pies) ni tan enorme como la de Nipe, en la provincia Holguín (una de las de bolsa más grandes del mundo),en belleza natural la de la Cuna de la Revolución no va detrás de ninguna.

La doctora Jaqueline Delgado habla con la serenidad de quien ha recorrido un largo camino. Desde niña, confiesa, sintió una inclinación natural hacia la Medicina. Simulaba curar a sus muñecas y ya entonces algo dentro le susurraba que su destino estaría ligado al alivio del dolor ajeno. Ese deseo de “ayudar a otros seres humanos en una labor tan noble y humanitaria” fue creciendo con ella, hasta convertirse en certeza.

La llegada al mundo de Alejandro Antonio Zuch Rodríguez no fue como sus padres soñaban: una parálisis infantil al momento del parto marcó el inicio de una batalla que ni él ni su familia estaban dispuestos a perder. Hoy, 20 años después, ese niño que los pronósticos condenaban a una vida limitada es estudiante de tercer año de Medicina en la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba; un joven apasionado por la creación audiovisual, que ha convertido cada obstáculo en peldaño para ascender hacia sus metas.

Ir a El Cobre no es solamente llegar a un pueblo entre montañas. Es entrar en uno de esos lugares donde la historia, la fe y la vida cotidiana parecen haberse puesto de acuerdo para permanecer juntas.

Era lógico que entre tanta Matemática, Cibernética, finanzas, números y mucha buena música el muchacho se inclinara por alguna de estas variantes del conocimiento humano.

Dicen que cuando una profesión se elige por vocación y se abraza con pasión, los resultados terminan pareciéndose a una danza: cada paso encuentra su ritmo, cada movimiento tiene un propósito y hasta los tropiezos forman parte de la coreografía.

Desde la antigüedad Hermes trae mensajes de los dioses junto a Cupido con sus flechas, declarando el amor al dialogar como conexión sublime de vivos y deidades. ¡Escuchen! Toques de tambores, cencerros, sonidos de caracoles, o imitación de animales, mezcladas con otras formas comunicativas que siglos anteriores usaran comunidades humanas para informarse, alertarse encontrarse, coordinar acciones laborales, festivas, defensivas. 

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