Especiales
Mis padres me inculcaron, desde antes de que mi memoria comenzara a guardar recuerdos, que ni un peso ajeno debía tentarme. “Ese peso -me decían- puede ser el pan de un niño, el medicamento de un anciano o la única esperanza de una familia”. Me enseñaron que la honestidad es el único principio sobre el que puede construirse una vida digna. Esas lecciones me vienen a la mente ante las acciones que empañan la recuperación tras el huracán Melissa.
Amén de campañas difamatorias, bloqueos y necesidades con las que lidia el pueblo de Cuba, nadie es capaz de sostener con argumentos sólidos que está desapareciendo el sentimiento solidario, pues varios ejemplos ilustran la presencia viva de la solidaridad durante los últimos meses, primero ante las afectaciones por intensas lluvias de la tormenta tropical Imelda y ahora tras la devastación del huracán Melissa, que hizo estragos en casi todo el oriente.
El mundo de Katia Gutiérrez Orozco era, a primera vista, un compendio de contrastes. Por un lado, la responsabilidad de ser estudiante de sexto año de Medicina; por el otro, el colorido universo de Minimundo Juguetería, su emprendimiento de apenas unos meses. Ella no era solo la dueña; era, como gustaba decir, la creadora. Aquel no era un local cualquiera.
La mañana transcurría normal. Y de pronto el silencio fue interrumpido por unas voces masculinas que se distribuían las zonas de trabajo. Luego sentimos el ruido característico de las motomochilas.
El silencio tiene sonidos. Se escucha en el crujir de las tablas que protegen las ventanas, en el arrastre de los muebles hacia lugares altos, en el susurro de las oraciones que se repiten en la penumbra de las casas cerradas. Es un silencio pesado, cargado de presagios, que ha cubierto pueblos y ciudades donde la vida diaria se suspendió.
Este viernes 24 de octubre, el Estado Mayor de la Defensa Civil decretó la fase informativa para las provincias orientales y Camagüey dada la eventual afectación al territorio nacional de la hasta ahora tormenta tropical Melissa, cuyas lluvias asociadas han provocado muertes, inundaciones y otros perjuicios en la isla La Española y mucha tensión en la de Jamaica.
Para nosotros, José Julián Martí Pérez es Cuba y, sobre todo, Patria. No en vano le fueron otorgados los exclusivos títulos de Héroe Nacional y Apóstol de nuestra independencia, y el honorable epíteto del más universal de los cubanos.
Dos lugares perpetúan la presencia monumentaria de Pedro Felipe Figueredo Cisneros (Perucho)en Santiago de Cuba: la Plaza de Martey el cementerio Santa Ifigenia, sin embargo, quizás sin proponérselo, este patriota, mártir de la Revolución iniciada en 1868, es uno de los que más ha trascendido en la memoria nacional: su legado mayor no está hecho de mármol ni de bronce, sino de notas y palabras: fue el creador del Himno Nacional de Cuba.
Hace treinta y cuatro años, se inauguraba en esta tierra indómita la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales. Aquel 14 de octubre de 1991 en la clausura del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, en uno de los momentos más críticos para el país, justo después del derrumbe del campo socialista y el inicio del llamado Periodo Especial, nacía la Plaza de la Revolución.
“Yo crecí aislada a este mundo”, expresó Claudia Beatriz Moreira Olivares, una joven de 18 años cuya vida cambió cuando descubrió que su voz estaba destinada a los micrófonos.