Opinión
Es cierto que el país presenta serios problemas en el Sistema Eléctrico Nacional de los que Santiago de Cuba no está exenta, a lo que se suma la intensa sequía que azota al territorio y que obliga a extremar las medidas de ahorro ya que los embalses están muy deprimidos y se buscan alternativas para mantener la vitalidad de los servicios y suministrar el agua al sector residencial.
Este 1 de septiembre fue un día feliz para la familia cubana, en especial para la santiaguera: comenzó el curso escolar 2025-2026; un nuevo periodo en el que, como hace varios años, el Sector enfrenta retos para sostener y continuar con éxito lo que Fidel concibió como un derecho universal, la Educación.
Recuerdo con esa nitidez que da la nostalgia, cómo en mis años de infancia las noches en el barrio tenían un ritmo distinto. Mi papá salía de casa con una taza de café, listo para asumir la guardia cederista. Minutos después, lo acompañaba el vecino de al lado, y luego otro. No se trataba de un simple encuentro entre vecinos; era un compromiso asumido con profunda convicción popular, para custodiar lo que era de todos: desde los cables eléctricos hasta la serenidad de los hogares donde descansaban nuestras familias.
Con independencia de hechos que históricamente han obstaculizado el desarrollo del país -como por ejemplo, el bloqueo de Estados Unidos, desde hace más de 60 años, y la injusta inclusión de Cuba en la lista de países supuestamente promotores del terrorismo, que ahuyentan a inversores y proveedores internacionales-, las indisciplinas sociales, el delito y la corrupción, también han sido caldo de cultivo.
Una discusión acerca del elevado precio del pan (bola) -similar al de la canasta básica- de 20 pesos, por los vendedores callejeros, cuando este último sólo cuesta 75 centavos, me hizo meditar sobre otros casos como este, que están afectando el bolsillo de la población, y hasta la economía de la isla.
Ayer, mientras me trasladaba a mi casa en un carro que tomé -en Contramaestre- haciendo “botella” -como se dice popularmente-, fui testigo de una escena que debería ser inadmisible en cualquier sociedad, el conductor y varios pasajeros ingerían bebidas alcohólicas sin el menor reparo, como si las carreteras no estuvieran ya teñidas de tragedias.