Santiago de Cuba,

Opinión

Con el inicio y transcurso de las vacaciones, miles de niños y adolescentes disfrutan de un período de descanso que favorece la convivencia familiar y la recreación. Sin embargo, esta etapa representa un desafío para padres, tutores y cuidadores, quienes deben extremar las medidas de protección para garantizar la seguridad y el bienestar de los menores.

No son más de lo mismo, son -sencillamente- las principales causas del agobio que nos tensa el día a día: bloqueo recrudecido, crisis energética y disyuntivas geopolíticas. No obstante, resulta fácil, y hasta cómodo, señalar hacia afuera todas las causas de nuestras carencias; aunque el cerco imperialista es el principal obstáculo para el desarrollo pleno de nuestra nación. 

Pululan criterios sobre las medidas aprobadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular que descentralizan a la economía y conceden al mercado un importante lugar. Las oponiones van desde que son antimarxistas hasta su aplicación tardía, lo cierto es que "cambiar todo lo que debe ser cambiado", principalmente en la dirección y el desempeño económico, resultaba impostergable.

En Santiago de Cuba, la imagen de vertederos desbordados y calles con acumulación de basura se ha convertido en un problema persistente.

Que aerolíneas y empresas extranjeras cesen sus operaciones y negocios en Cuba se ha vuelto casi cotidiano. Es una realidad que se firma parte del guion para dejarnos sin fuentes de ingresos y aumentar la escasez y el resto de las penurias que tienen su principal e indiscutible causa en una política de estado que los norteamericanos llaman embargo pero que en su cruel práctica es, literalmente, un bloqueo económico, comercial y financiero.

Hay decenas de sitios que son gestionados, en su inmensa mayoría, desde Estados Unidos y que analizan e informan sobre temas cubanos con la lupa del sinsentido. No es más que manipular un hecho actual o del pasado desde una perspectiva que obvia lo positivo y ensalza la etapa neocolonial, añade elementos negativos al proceso revolucionario -no pocos sin fundamento histórico verificable-, y desmonta al bloqueo como la principal causa de los males que nos agobian.

Que los cubanos que no la conocimos la estudiemos y que los más vividos la recuerden, no quiere decir que el periodo neocolonial de la historia de Cuba, también llamado república mediatizada, sea motivo de orgullo o celebración para para el pueblo, porque desde el 20 de Mayo de 1902 hasta el Primero de Enero de 1959, Cuba fue más colonia, patio o protectorado yanqui que república.

Este 19 de mayo, en la 79ª Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra, la Dra. Tania Margarita Cruz Hernández, Viceministra Primera de Salud de Cuba, lanzó una denuncia que retumbó en el salón de sesiones: “Provocar escasez y penurias extremas a millones de personas no es otra cosa que genocidio y merece la condena de todos los miembros de la OMS”.

No es casualidad que el imperio yanqui. en su demencial propósito de destruir la Revolución cubana, acuda otra vez al engañoso argumento del pluripartidismo como símbolo de democracia. Y no se cansan de fabricar “ héroes” de la contrarrevolución, escogiendo para ese fin las peores materias primas.

Faltaban apenas tres años para que cayera en combate, con 42 años a cuestas, pero ya desde el exilio, José Martí había comprendido una lección que las guerras anteriores no lograron resolver, sin una unidad orgánica, sin un instrumento político verdaderamente democrático y sin un proyecto colectivo por encima de caudillismos, la independencia de Cuba seguiría siendo un sueño postergado. Por eso, aquel 10 de abril de 1892, quedó formalmente proclamado el Partido Revolucionario Cubano (PRC), la culminación de su obra organizativa para la Guerra Necesaria.

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