Opinión
Muchos podrían decir que no es cierto cuando, en nombre de mi condición humana, digo que soy feliz. Habrá quienes me tilden de romántica o quizás de raciocinio absurdo por tantos avatares que afrontamos, y es que mi corazón late sin remordimientos, sin pesimismo, sin odios y pleno de amor, al compás de la fuerza de mi país.
La respuesta es un categórico Sí. Hace pocos días una colega lo mencionaba a otro, citando a Fidel Castro cuando, el 17 de noviembre del 2005, en el acto por el aniversario 60 de su ingreso a la Universidad de La Habana afirmó: “Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.
Juan Dimé tiene argumentos para una película de terror. Una noche taimada, sin Luna ni farolas, de pronto se le acabó la calle, pisó el vacío y se hundió en las entrañas del asfalto. El susto y el golpe que se dio le lagrimearon la cara, mientras allá arriba la bocaza destapada y tragona del registro de válvulas de agua parecía gozar su maldad.
El derecho al voto ha pasado por disímiles etapas durante la historia de la humanidad, transitó por sistemas donde solo votaban los hombres, otros donde votaban los que tenían determinado patrimonio económico, o los blancos, los nacidos en el país… en fin siempre ha estado marcado por la segregación, la discriminación por cuestiones étnicas, económicas o sexuales.
El Modelo Económico y Social Cubano, que fuera aprobado en el 8vo Congreso del Partido Comunista de Cuba considera importante el establecimiento y desarrollo de la Comunicación Social en todas las esferas del país, como garantía básica del éxito en todos los proyectos de nuestra sociedad socialista.
La idea de crear una sola organización revolucionaria que representara a todo el pueblo, que uniera a todo el pueblo y erradicara la dispersión que caracterizo siempre al multipartidismo, fue expuesta con claridad por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, el 26 de Julio de 1961, en la Plaza de la Revolución José Martí, de la capital cubana.
La informatización de la sociedad es uno de los pilares para el desarrollo de la sociedad y un llamado del Estado cubano; hoy día los dispositivos digitales (computadoras, notebooks, impresoras, etc.) constituyen una herramienta indispensable: lo mismo para cálculos matemáticos complejos que para automatizar un proceso productivo.