Especiales
Yo no le conocí ni siquiera estaba nacida cuando su desaparición física; sin embargo, lo sentía cercano. Crecí con el deber de llevarle flores cada 28 de octubre, motivada por las clases de Historia que exaltaban su figura y coraje, participando en cuanta conmemoración, homenaje y acto se realizara en su nombre.
Corría la tercera decena del mes de octubre de 1962, la polarización entre las potencias llegaba a grados extremos, Estados Unidos al frente del bloque capitalista y la extinta Unión Soviética como punta de lanza del conocido campo socialista que componían la propia Unión de Repúblicas Socialistas y naciones de Europa del
Este, mostraban músculos y dientes. La paz mundial pendía de un delgado hilo.
A la hora de juzgar a una persona se tienen en cuenta sus palabras y, sobre todo, sus acciones. Cuánto más con una obra colectiva como lo es la Revolución Cubana, tan asediada y cuestionada por las “poderosas fuerzas dominantes”, pero sustentada por millones de cubanos dispuestos a “defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio”.