Santiago de Cuba,

Ellos, los salvaVIDAS

11 August 2023 Escrito por 
De la autora

La vista está fija en el mar. Sus ojos apenas parpadean. Mientras trabaja sabe que no hay cabida al descuido y rastrea con la mirada cada movimiento en el agua, cada niño atrevido y adulto aventurero. Sabe que ante un imprevisto su actuar rápido podrá salvar la vida de la o las personas. La seguridad en los balnearios está en sus manos.

Ellos, los salvavidas, desempeñan un importante papel en las áreas certificadas como baño público. Con su pulóver identitario y el silbato en la boca cuidan, prevén y alertan sobre los riesgos en el mar, piscinas y ríos, por eso durante esta etapa estival, son los encargados de custodiar las playas.

Hay sol bueno y mar de espuma

Yordenis Castillo Ramos tiene 30 años es el salvavidas de Cazonal, todos los días a las ocho de la mañana se le ve dando paseos por la zona, conoce la costa y aunque es aparentemente tranquila y bajita, muchos bañistas se confían y se pasan del límite de señalización y es ahí donde ocurren los accidentes.

“Hemos tenido que hacer el rescate en este verano de varios individuos, principalmente niños y adolescentes porque la corriente marina lo arrastra y se lo lleva a mayores profundidades”, señaló.

Castillo vive en la comunidad lo que le permite llegar a tiempo a su lugar de origen, tener comida y agua potable segura traída de su casa, pero no todos corren la misma suerte.

En un recorrido realizado con directivos de la Cruz Roja Cubana por el sector Baconao-Siboney se observó que estos héroes anónimos no tienen condiciones para realizar mejor su trabajo y pasan muchas dificultades para trasladarse porque no tienen transporte específico y están a merced de los precios de los transportistas privados o de la caridad de algún que otro buena gente.

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“En tiempo de verano es peor porque las guaguas estatales pasan llenas y no recogen, otros vienen alquilados, y a veces nos dan las horas sin poder llegar a nuestro destino”, dijeron Sergio Antonio Nash y Eglis Torres Sierra, salvavidas de Verraco, quienes viven en el Oasis y en la ciudad de Santiago respectivamente.

“A veces salimos desde la casa con el pulóver que nos identifica para ver si así tenemos mejor suerte, pero igual, nos pasan de lado y siguen de largo, y somos precisamente nosotros quienes vamos a cuidar de ellos y sus familias”, puntualizaron.

Estos socorristas tienen seis y 12 años respectivamente de experiencia y conocen cuales son las características de las costas del sur: “Estas playas son casi siempre mar abierto, por lo que tienen corrientes marinas muy fuertes, que son muy peligrosas. Verraco por ejemplo es honda, con huecos y nuestro trabajo es prever que no ocurran accidentes, de ahí nuestro interés de llegar puntual”.

A esta problemática se suman otras, principalmente la que tiene que ver con la atención al hombre. Los salvavidas son técnicos en Salvamento y Rescate, Seguridad Acuática, graduados en la Facultad de Tecnología Juan Manuel Páez, de la Universidad de Ciencias Médicas, por lo que pertenecen al sector de la Salud Pública y son supervisados por la Cruz Roja Cubana.

Tiempos atrás, en el verano principalmente, recibían atención de las entidades estatales que se ubicaban en la zona de playa con almuerzo, agua potable, lugar para guardar sus pertenencias y demás, pero hace un tiempo para acá son “tierra de nadie”, como se dice popularmente.

“Las condiciones son pésimas. La mayoría no tenemos un sitio protegido para resguardar nuestras pertenencias, tenemos que ponerlas en una piedra o arena, o andar todo el tiempo con estas arriba pues corremos el riesgo de que se pierdan o se las roben si tenemos que ir al agua los dos juntos, explicaron Nash y Torres.

“Así mismo pasa con la alimentación y el agua, la traemos del hogar, en ocasiones se nos echa a perder por el calor y el agua para un día entero no alcanza. Si decidimos comer algo de los vendedores aquí se nos va el salario solo en eso”.

Similar situación se percibió también en los que atienden las populares Juraguá y Siboney, que estaban bien concurridas como de costumbre. En estas laboran tres socorristas por ensenada debido a la extensión de las mismas, la cantidad de público y la peligrosidad alta de ambas.

“Juraguá es la más compleja y peligrosa de todo el territorio, el mar hace unos días estuvo molesto pero pudimos controlar bien a las personas en aras de terminar el verano satisfactoriamente. Aquí no descansamos, porque tiene una corriente marina desde la orilla muy fuerte y huecos, en sus aguas han sucedido varios incidentes como ahogados, desaparecidos y muertos, por lo que nuestro trabajo es súper esencial y arriesgado” sentenciaron los jóvenes que llevan más de 15 años en ese sitio.

George Gé Mora, lleva 17 como paramédico y salvavidas y se desempeña como jefe de brigada de la zona Baconao-Siboney. En su puesto, playa Siboney, comenta que el trabajo de ellos consiste en prevenir y mantener la calma del bañista en el agua cuando el mar está en malas condiciones y hay que hacer el salvamento y rescate.

“La población es a veces un poco indisciplinada, en ocasiones tenemos las distintas banderas puestas y no hacen caso de la señalización, violan las normas de seguridad y se bañan. Hay que destacar que en años anteriores ocurrían más ahogamientos pero la gente se ha ido educando, aprendiendo a nadar y son hoy menos los casos de este tipo, pero no quita que siempre hay que tener una percepción de riesgo alta en el mar y áreas de baño, pues al mejor nadador le puede ocurrir un accidente”, agregó.

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En cuanto a las dificultades que enfrentan dijo que hay escasez de uniformes que los identifican y protegen del sol, de medios de primeros auxilios como pata de rana, careta, torpedos que son de mucha utilidad a la hora de hacer un rescate.

“Nuestro trabajo es importante y nos gusta, por eso estamos aquí. Creo que lo más importante que tiene cualquier instalación que tenga a uno de nosotros es precisamente esa persona, porque es como el médico, la enfermera que salva vidas, nuestro trabajo es preventivo para evitar a toda costa que haya un fallecido. Cuando nos tiramos al agua a hacer un rescate también ponemos en riesgo nuestra vida” aseguraron todos los entrevistados.

Un salvavidas protege 75 metros a la izquierda, 75 a la derecha y 75 de la orilla hacia adentro para un total de11 250 metros cuadrados en playa. Desde su torre de vigilancia -solo vistas en Juraguá y Siboney- observa con detenimiento a los bañistas que pueden llegar a ser numerosos en un día (Siboney hasta 3 000); juntos conforman un gran equipo al que vale la pena reconocer su dedicación y consagración a la profesión. Cuando vamos a divertirnos y recrearnos en las zonas de baño, tengamos en cuenta lo relevante de su labor confiados de que la vida de todos está en sus manos.

 

 

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Yanet Alina Camejo Fernández

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