Cómo responder a los retos actuales de la sociedad cubana desde el periodismo revolucionario fue el eje en torno al cual se movieron los debates en el XI Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, concluido este viernes en La Habana.
La cita nacional puso sobre la mesa ideas que surgieron al calor de los debates previos, en las delegaciones de base y en las asambleas provinciales. Los trabajadores de la prensa, los que se reunieron en el Palacio de las Convenciones y los que seguimos las sesiones desde el puesto de labor, apostamos por la transformación de la prensa pública nacional, conscientes de que en ello le va la credibilidad -la vida- a los medios de comunicación oficiales y a la ideología que es columna vertebral de la Revolución Cubana.
Se habló de atemperar el periodismo a los tiempos actuales, con modos de hacer, de decir y contenidos que se avengan realmente con la situación sociopolítica, económica y tecnológica que vive la nación.
Con la renovación como norte, el conclave acogió temas cruciales: la transformación del modelo de prensa, la formación y la superación de los periodistas, los desafíos de la prensa cubana en una sociedad en red y los retos de la organización en el siglo XXI.
En un mundo globalizado, donde la colonización cultural es la estrategia de dominación más efectiva y hasta la verdad necesita ser emocional, la creatividad, el reflejo de la sociedad y la capacidad de contar la nación en las historias de su gente, son urgencias para recobrar a las audiencias activas, más fragmentadas y dependientes de las producciones culturales
extranjeras.
Impulsar un modelo de gestión que responda a los desafíos en el oden profesional, y que contribuya a solventar las necesidades de los medios públicos y a remunerar mejor el desempeño de los colectivos, es hoy la piedra angular de esa transformación.
El XI Congreso sentó las bases para erigir los cambios necesarios en el sistema de la prensa pública durante el próximo lustro; mas la agenda y los modos de hacer tendrán que seguir desafiando conceptos viejos y rígidos sobre el rol del periodismo militante, tendrá que ganarle el juego a la falta de transparencia en no pocos escenarios y afianzar motivaciones, más allá de lo adverso que se torne el camino.