Usted prefiere hablar de actores económicos más que de formas de gestión ¿Por qué?
“Porque el concepto ya va más allá de lo estatal o lo no estatal. Hoy tenemos un sector estatal, un sector privado consolidado, uno cooperativo y otros actores como los usufructuarios y productores.
Son todos actores de la economía, sean públicos o privados. De ahí parte una discusión clave: la igualdad y el trato paritario. Para tratar a alguien como actor económico, primero hay que nombrarlo como tal”.
¿Cómo marcha esa incorporación en Santiago de Cuba?
“Han emergido con fuerza y los números lo dicen. Frente a poco más de 130 empresas estatales, hoy tenemos 912 mipymes en forma de sociedad de responsabilidad limitada, 35 000 trabajadores por cuenta propia y 120 proyectos de desarrollo local. Es un volumen bastante mayor al que veníamos teniendo. Debe cerrar 2026 con alrededor de 1 000 o 11 000, y en el primer trimestre de 2027 Santiago debe andar entre 1 200 y 1300 firmas”.
¿Están alineados esos actores con la estrategia de desarrollo de la provincia?
“Sí, la estrategia provincial y las municipales los ven como actores de desarrollo. En las seis líneas estratégicas -producción de alimentos, transición energética, desarrollo humano y social, recuperación de la industria azucarera, fortalecimiento de las exportaciones-, todos tienen un rol.
“En las mipymes vemos predominio de la construcción, la gastronomía y los servicios, y han ido creciendo las actividades energéticas, muchas veces por reconversión de antiguos cuentapropistas”.
¿Las mayores potencialidades están identificadas?
“Hay espacios que necesitamos llenar. Un ejemplo es un proyecto de laboratorio presentado al PNUD, que ya pasó la segunda ronda, para crear un ecosistema de mipymes dedicadas a la transformación energética: montaje de paneles solares fotovoltaicos, secadores y cocinas solares, desarrollo de inversores.
“Ahí se unen las mipymes, la Universidad de Oriente, el Centro de Energía Solar, la empresa de ingeniería de la Unión Eléctrica y la empresa eléctrica provincial. Es una muestra de cómo el sector privado aporta capital, absorbe cooperación internacional y se asocia con los saberes que ha desarrollado el Estado”.
¿Y la producción de alimentos?
“También hay avances. Formas privadas se asocian con la gran industria para proveer materias primas y posicionarse en el mercado nacional en divisas o en el foráneo.
“Un sector privado puede tener tierras y convertirse en suministrador de insumos agrícolas, maquinaria y tecnología. No se puede impulsar la producción de alimentos sin insumos ni combustible.
“En el Valle del Cauto se reimpulsa ese trabajo, junto a la identificación de productores líderes que se asocien con exponentes del sector privado para cerrar el ciclo”.
¿Hasta qué punto es importante esa interrelación entre actores?
“Es sobre todo una ventaja. El emprendimiento privado necesita infraestructura que es muy costosa y alarga la tasa de retorno. La empresa estatal ya la tiene, tiene el saber hacer y el know how.
“Si el privado se convierte en proveedor de materia prima, de trabajo o de mercados extranjeros, se genera una alianza de ganar-ganar. Se dice fácil, pero no lo es: implica cambiar mentalidades de gestión en ambos sectores. Nadie puede hoy trabajar aislado”.
¿Qué hace falta para que ese encadenamiento sea sostenible?
“Hemos identificado tres elementos. Primero, crear un clima de confianza: toda relación contractual es una relación de confianza entre actores que apuestan recursos, esfuerzos y tiempo a un resultado.
“Segundo, generar un marco institucional propicio, con normas y acompañamiento de lo público. Y tercero, el desafío permanente de mejorar la actuación. El reto fundamental es insertar a Cuba en la cadena global de valor, para que el reaprovisionamiento venga de las divisas que obtenemos en el exterior y no solo del mercado interno”.
¿En qué camino estamos hoy?
“Todavía esto no ha despertado con suficiente fuerza. Tenemos más de 190 encadenamientos entre el sector estatal y el no estatal para la producción de alimentos, pero estamos en el primer escalón.
“Con el Decreto Ley 114, sobre asociación entre el sector estatal y el privado, aún estamos por constituir los primeros exponentes; ni siquiera hemos llegado a las mipymes mixtas.
“Quedan reservas en industrias, procesamiento de frutas, mermeladas, néctares, jugos, madera, carbón, miel y rubros exportables tradicionales. Y hay algo clave: no se trata de alianzas de dos, sino de generar una red de actores donde uno ponga el mercado, otro el know how, la empresa estatal la infraestructura y entre todos se pidan créditos”.
El análisis del aporte de los actores no estatales responde a una indicación del Consejo de Ministros, pero usted va más allá
“Es la realidad. Pongamos el ejemplo del pan: si evaluamos el balance de alimentos y el consumo se cubriera únicamente con la producción estatal, habría una situación disruptiva entre la realidad del consumo y el plan de la economía.
“Por eso es imprescindible incluir a todos los actores. Eso no significa que los bienes que producen estén al alcance que merece nuestro pueblo; ese es un camino largo. Pero el sector no estatal es el más dinámico en la introducción de tecnologías solares fotovoltaicas, y tiene peso en alimentos, combustibles, lubricantes y producción fabril”.
¿Qué implica para la planificación?
“Implica proyectar el plan de otra manera: no solo valorar el cumplimiento de bienes y servicios, sino ir a lo financiero, al aporte en dinero. También hay que facilitar el acceso de la población a esas producciones, o que generen un nivel de ingreso que permita desarrollar los programas sociales.
“Las transformaciones apuntan a que la economía avance hacia determinados balances macroeconómicos más que a la distribución administrativa de recursos. Se trata de normalizar el actuar de estos actores en la vida económica: igual una empresa estatal que un actor privado o cooperativo”.
¿Y el control y la responsabilidad social?
“Habrá que diseñar no solo el plan, sino sus mecanismos de control y la participación de otros actores de la sociedad. Está el tema de la tributación y el empleo: un sector privado más grande implica obligaciones tributarias mayores.
Santiago es piloto en el sello de responsabilidad social empresarial, y tenemos más de mil mipymes. “Pero la responsabilidad social empieza por el cuidado de los trabajadores, por una correcta relación laboral, por cumplir las obligaciones tributarias y por respetar al consumidor. Eso es una lucha que tendremos que dar de conjunto: administración, sector privado, pueblo, comunidades”.
En ese sentido, el Director de Desarrollo Territorial en el Gobierno Provincial del Poder Popular, no habla de recetas, habla de redes:
Santiago de Cuba, cuenta con más de 1 000 actores económicos no estatales, el reto no es sumar firmas, sino tejer alianzas donde el Estado ponga infraestructura y saber hacer, y el privado, capital, mercados y agilidad.
La meta, dijo, “es insertar a la provincia en la cadena global de valor y que ese esfuerzo se traduzca en pan, energía y alimentos para la población.
El camino está trazado; falta recorrerlo con confianza, normas claras y responsabilidad compartida”.