Especiales
A mis alumnos intento hacerles entender por qué tienen tanto peso en nuestra vida las conductas aprendidas, más que las heredadas. Mi generación no es igual que la de mis padres ni la de ellos fue la de mis abuelos. En mi etapa estudiantil, todos frecuentábamos la biblioteca, y leer un libro, hojear sus páginas, era una experiencia irremplazable.
Para el Centro de Inmunología Molecular (CIM) contar con los santiagueros Laboratorios de Anticuerpos Monoclonales y Biomodelos Experimentales (LABEX) constituye una fortaleza y Sierra Maestra lo comprobó in situ y, además, en diálogo franco con la líder del colectivo indómito, Dra C. Suyén Rodríguez Pérez.
“Tú sabes cómo somos nosotros los hombres, ella me gustaba le tiré un fajón y cedió; hace 3 meses estamos juntos”, me dijo René camino al ascensor, que nos llevaría al segundo piso del Hogar de Ancianos América Labadí; a su paso los trabajadores del centro lo saludan y entre risas decían: -y entonces campeón, ¿vas a ver a la novia?-.
Durante nuestro paso por la vida coincidimos con varias personas en el ámbito personal o laboral, todas con características diferentes; qué satisfacción cuando son hombres o mujeres con buenas energías, que te impulsan a escalar peldaños y a encontrar siempre el lado positivo de las cosas, aún en las peores situaciones.
Para que los temas de Género tengan mayor visibilidad en los medios de comunicación y en los ámbitos sociales, para intensificar las luchas por eliminar todas las formas de violencia, para romper estereotipos que marcan diferencias ancestrales entre hombres y mujeres, para lograr un lenguaje inclusivo y fomentar la equidad; periodistas, comunicadores, junto a expertos de diversas ramas del saber de Cuba y otras naciones, cursaron una nueva edición del postgrado Género y Comunicación.
Sierra Maestra sorprendió a Felipe Sabarí Caballero, un señor de 78 años de edad, en el central Paquito Rosales, de San Luis; estaba muy alegre “porque ha vuelto a moler y hay bastante melaza, este centralito es un gigante”. Digo sorprendió..., porque sus piernas no lo acompañan, pero hace hasta lo imposible para trasladarse desde su casa en el poblado de Dos Caminos hasta el ingenio donde trabajó como ponchero durante medio siglo.