Santiago de Cuba,

Un titán cubano

14 June 2024 Escrito por 
Invasor

Más allá de lo mitológico e incluso de la aleación de cobre y estaño, lo que significa Antonio Maceo Grajales para Cuba -en tanto el epíteto de Titán de bronce le es inherente-, resulta prácticamente incuestionable.

Tal fue su impronta en las luchas libertarias de la segunda mitad del siglo XIX que desde entonces está muy en boga, en todo el país, un proverbio devenido epítome de valentía e intransigencia: «tienes más c… que Maceo».

Todavía muchos cubanos discrepan entre si nació en Majaguabo o en la ciudad de Santiago de Cuba, en todo caso aquel sitio está en la geografía de la actual provincia y en la homónima jurisdicción de la Cuba colonial. No obstante, es unánime el orgullo de que un hijo del Oriente protagonizara heroicas gestas y viriles respuestas: «Guarde usted ese documento, que no queremos saber de él», dijo resueltamente al Capitán General Arsenio Martínez Campos, el 15 de marzo de 1878 en los Mangos de Baraguá.

Humildemente asumió el propósito de su existencia: la independencia de la Patria y de todos sus hijos. «Siempre he sido soldado de la libertad nacional, que para Cuba deseo, y nada rechazo con tanta indignación como la pretendida idea de una guerra de razas», dijo Maceo.

Esa determinación la fundamentó en su temprana comprensión de los principales enemigos de la causa. A Federico Pérez Carbó le escribió: «De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso».

De manera que, en cumplimiento del objetivo cespediano, el anhelo martiano y sus profundas convicciones, aseguró que «Cuba será libre cuando la espada redentora arroje al mar sus contrarios (…) Pero quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha».

El 14 de junio de 1848 vino al mundo otro Titán, no como los griegos tan despiadados y egocéntricos, que luchó hasta la muerte por su Patria, cuyo futuro, según otro oriental de titánico valor –Fidel Castro Ruz-, «será un eterno Baraguá.

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Luis Alberto Portuondo Ortega

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