Santiago de Cuba,
Luis Alberto Portuondo Ortega

Luis Alberto Portuondo Ortega

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La idea de tener descendencia -o mejor dicho el anhelo y propósito de tener hijos- domina la existencia de la mayoría de los hombres. Es una especie de instinto natural que se consolida cuando se procrea dejando, para siempre, el yo en beneficio  del otro (obviamente del o los hijos).

Cuando murió William Smart –quien tras el deceso de su esposa crío a sus descendientes- su hija Sonora escribió en la prensa de principios de la pasada centuria que había que “inculcar el mismo amor y reverencia por el padre que la parte de la madre”.

Vilma imprescindible

Una noticia paralizó a Cuba el 18 de junio de 2007: la muerte de la heroína de la Sierra y el Llano, Vilma Espín Guillois. Ese día, en su Santiago natal, las muestras de dolor fueron incontables; pero fueron mucho más evidentes el agradecimiento y el orgullo de saberla nuestra, de Cuba y del mundo.

Tres acontecimientos me han movido a apelar a un género periodístico de mucho riesgo: el comentario, en tanto expone al periodista a los criterios públicos e institucionales de una manera profunda (y que puede ser definitoria) puesto que no es la noticia del “según el director, de acuerdo con, declaró a Sierra Maestra la…”. Sucede que, asombrosamente, durante la semana viví tres acontecimientos que se califican, por ese orden, en absurdo, abusivo y esperanzador.

El absurdo que daña

Con mucha premura y estando en la intersección de las avenidas de Los Desfiles y Las Américas, el lunes 12 le hice la señal de pare a un joven que conducía una motorina eléctrica, le pregunté cuánto costaba el trayecto hasta la Facultad 1 de la Universidad de Ciencias Médicas y me dijo que, por ser a mí (sin conocerme), “sale en 150 pesos”, enseguida le cuestioné el precio “es absurdo cobrar 150 pesos por algo más de 300 metros y no me vengas con lo de la escasez de gasolina, que tu moto no usa combustible”, él -visiblemente irritado- me respondió: “las baterías están carísimas, más que la gasolina, y además cuesta lo mismo el viaje en una moto que en una motorina”.

Ciertamente es la absurda verdad: un pasaje en motorina cuesta igual que en moto, aunque estas no tengan la autorización para hacerlo y, al igual que la mayoría de las motos, ejerzan la actividad de manera ilegal y desafiante.

En ese instante me acordé de una colega que, sintiéndose enferma, le pidió a un motorista que desde esa misma intersección la condujera hasta la sede de nuestro periódico y él advirtió: “son 100 pesos” -por unos pocos metros-.

Definitivamente cobrar por tramos en la transportación de pasajeros se ha desterrado, es lo mismo viajar 500 metros que 1 kilómetro, las tarifas no entienden de distancias. Hay miles de motoristas circulando en la provincia con sus impuestas e ilegales tarifas, al igual que vehículos de tracción animal y el transporte de pasajeros de manera general. Hechos como los descritos abundan y lo absurdo se ha vuelto regla y no excepción.

Lo abusivo que pocos enfrentan

Hace unos días mientras esperaba el ómnibus escuché una conversación en la que se quejaba un padre de que por desear regalarle un cake a su hija, le ofrecieron un saco de harina por la suma de 18 000 pesos. Me sumé a su indignación, ya que presumiblemente el producto era extraído de algún almacén, abusando de los necesitados.

Esa misma jornada un colega de Holguín publicaba en su perfil de Facebook: “Varios días pasaron y los panaderos ambulantes de mi comunidad no vendían porque no había materia prima. Llegó el suministro de harina para la canasta familiar y aparecieron los panaderos ambulantes. Sí, esos que supuestamente importan la harina”.

En la edición pasada nos referimos al triángulo que el Primer Ministro Manuel Marrero Cruz llamó a romper y que está “conformado por la necesidad, la posibilidad y la codicia”. Hay quienes se enriquecen aprovechándose de los recursos que, con mucho sacrificio, el país pone en sus manos; ese daño a la Revolución y a la estabilidad de la nación tiene una repercusión económica, social y política incalculable. Lo primero es denunciar, y para eso hay que ser valiente.

Venga la esperanza

Un carro perteneciente a la Empresa de Servicios Técnicos Industriales (Zeti) con la Chapa B141145, conducido por Orlando Quintana cada vez que cumple el recorrido entre las ciudades de Palma Soriano y Santiago de Cuba para en los puntos de embarque, bien para abordar a pasajeros o para explicar la causa en caso de no poder hacerlo; de esa esperanzadora actitud dan fe los Inspectores Populares del transporte y los viajeros. Este jueves trasladó a 12 personas y el ‘hasta mañana’ del chofer no faltó.

Asimismo, las demostraciones de solidaridad de los últimos días en que cientos de familias acogieron en sus viviendas a miles de santiagueros que necesitaban protección en medio de las intensas lluvias, me llenaron de satisfacción.

También el caso del campesino sanluisero Elvis Poppe Cobas, de 63 años, que “al ver que los tubos de la alcantarilla de Batardó eran arrastrados por las aguas, y sabiendo que sin estos sería imposible su reparación, enyunté a los bueyes y me aventuré, bajo agua, a rescatarlos; lo logré y ya están instalados”. Ese fue el primer paso para que, con el concurso de todos, a más de 8 000 personas que quedaron incomunicadas ahora les lleguen, por vía terrestre, los recursos y el acompañamiento necesarios.

Estas historias sacan a la luz buenas y malas acciones, las primeras merecen el reconocimiento público, porque muestran los valores del cubano: la solidaridad y el empeño común “para sacar adelante al país”; las segundas merecen el repudio y enfrentamiento porque lo abusivo, por absurdo que sea, no debe ni puede ser eterno.

En Cuba, como expresó la Contralora General, Gladys Bejerano Portela en el VI. Pleno del Partido, todo está legislado, lo que se precisa es hacerlo cumplir.

Para 131 personas, en situación de vulnerabilidad, que residen en el rural poblado de Ramón de las Yaguas (municipio de Santiago de Cuba) hoy ha sido un día feliz: las autoridades del gobierno en el territorio hicieron entrega de módulos gratuitos que suplen algunas de sus necesidades básicas.

En el puerto en el que se reciben, descargan y desde donde se transporta hacia la economía interna los productos y materias primas, en lo fundamental, para las provincias orientales -el Guillermón Moncada de Santiago de Cuba, fue, este 14 de junio, la sede del acto central nacional por el día del trabajador marítimo-portuario.

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