Santiago de Cuba,

El derecho de votar y la oportunidad de ser humanos

17 September 2022 Escrito por 

“No le importó el niño dando gritos en la cuna ni mis lágrimas… Me empujó y comenzó a ofenderme, me cogió por el pelo para obligarme a mirarlo y me dijo cosas horribles para humillarme.

Como no me quedé callada, me agarró por el cuello y me pegó varias veces. Yo traté de fajarme con él pero fue por gusto, no pude quitármelo de encima y cuando terminó me dijo que yo me lo había buscado porque él venía estresado del trabajo y en vez de encontrar paz en la casa, tenía que soportar mi letanía…”

La primera vez que Aníbal le pegó a Luisa no fue la primera vez que hirió su amor propio y sus ganas de vivir. La relación entre ellos había dejado de ser el romance bonito de los paseos espectaculares y las selfies en Facebook. Ella pensó que después del parto todo volvería a ser como antes, pero las manos del esposo apretándole el cuello lograron estrangular sus esperanzas.

Luisa es una mujer joven, profesional prestigiosa, económicamente independiente… Luisa es una mujer que no se llama Luisa, aunque su nombre no es lo importante… acaso porque su historia podría ser similar a la de otras que sufren formas de violencia invisibilizadas y naturalizadas, incluso no dejan huellas físicas, pero rompen el alma.

“Yo no te puedo decir cuándo empezó exactamente a cambiar. Sabía que era violento con su madre porque discutía mucho con ella y la trataba en mala forma, era grosero e hiriente. Eso no me gustaba y, por supuesto, le llamé la atención varias veces, en verdad todo entre nosotros marchaba tan bien que no quise ver esa señal, disipaba cualquier duda  diciéndome que eran cosas de madre e hijo.

“Estaba segura de que conmigo jamás haría lo mismo porque él me respetaba mucho, le contaba orgulloso a sus amigos que su novia era una persona conocida y le gustaba exhibirme, comprarme regalos de todo tipo, salir a buenos lugares… Además, en la intimidad era aun mejor. Te digo honestamente que era la pareja ideal, salvo por aquel detalle que no supe valorar a tiempo.

“Comenzamos a vivir juntos cuando supimos del embarazo, nos casamos y nos alquilamos para tener privacidad. Al principio todo bien, pero la convivencia fue desgastando aquella pasión… bueno, la de él, yo lo quería más que nunca. Lo sentía parte de mí, padre de mi bebé, mi familia... mi mundo era la felicidad de nosotros tres; sin embargo, su felicidad no estaba en la casa”.

“Era un proveedor muy eficiente. No faltaba nada material. Pero a mí me faltaba todo: pasaba el día sola porque él aparecía casi a medianoche, dejamos de hacer el amor porque siempre tenía un pretexto; incluso un día llegó con marcas en el cuello, una muestra de su infidelidad y falta de respeto a nuestra relación… y la única respuesta que me dio fue 'tú estás loca'. Sin embargo, no lo dejé. Mi mamá me decía que los hombres 'se revuelven' durante el embarazo y que eso es normal, que eso iba a cambiar después del parto y que yo debía pensar en mi hijo para mantener mi hogar, como debe ser…

“Así me fui haciendo de la vista gorda ante sus desplantes, sus burlas sobre mi apariencia, sus silencios, sus groserías, sus prohibiciones y la falta de interés que mostraba en mí como mujer. Y luego de que nació el niño, fue peor… Todo tenía que hacerlo yo porque nunca estaba, casi nunca colaboraba con las tareas de la casa y lo que lograba hacer yo no le parecía bien. Para él era 'muy lenta' y ninguno de mis esfuerzos para mantener la limpieza, cocinar y cuidar al niño eran comparables con la importancia de su trabajo; por tanto, como lo mío, según él era 'un jamón', su descanso era sagrado y eso significaba no ayudar…

“Peleábamos, nos reconciliábamos unos días y luego volvía su mala forma, sus críticas, su desamor… Me tomó casi dos años darme cuenta de que no podía seguir aguantando aquella situación porque me estaba matando de sufrimiento. Tenía la autoestima en el piso, me rompía la cabeza pensando en qué fallaba, por qué ya no le gustaba y llegué a creer que era mi culpa.
“Además, mi red de apoyo familiar -que es muy efectiva para otros problemas- apenas me sirvió para salir de la relación tóxica en que estaba. Mi mamá y mis tías me decían que pensara en el bienestar de mi hijo, que no merecía que le pusieran padrastro…

“Y en cierto modo parecía razonable ese consejo porque Aníbal adora a nuestro hijo. Fíjate que ya no somos pareja y yo puedo contar con él para resolver cualquier problema del niño. Como padre es amoroso, muy preocupado por las necesidades de Christian; si se enferma él va conmigo al médico, busca las medicinas donde sea, no deja de recogerlo los fines de semana, lo lleva a pasear… en fin. Es muy responsable y cariñoso.

“Pero bueno, sigo con la historia. Para no hacer el cuento largo, es más difícil salir del ciclo de la violencia cuando no tienes acompañamiento de las personas que te aman.
“La agresión física fue la tapa del pomo, como se dice, entonces mis padres me dijeron que si quería terminar con Aníbal, que lo hiciera; pero igual yo estaba decidida. Quien te pega una vez, lo hará mil veces más si se lo permites.  Lo que aprendí en esa relación es que hay muchas maneras de hacer daño, de violentar a una mujer y están tan naturalizadas, que ni siquiera nos damos cuenta.”

Las vivencias de Luisa ayudan a comprender otras cosas que diría más adelante en la entrevista, como su visión acerca del Código de las Familias.

“Tú me pediste la entrevista para opinar sobre mis razones para participar en el referendo del día 25, y te he contado mi historia para que se comprenda mejor mi respuesta.

“Yo voy a votar por el Sí porque creo que las leyes tienen que ajustarse a la realidad y prever situaciones futuras para no permitir injusticias, omisiones, discriminación, estigmatización… y por tanto, aunque no es su función primaria, constituyen catalizadores del cambio en la sociedad, y esta sociedad nuestra necesita cambiar muchas cosas para poder avanzar en la protección de las personas, en el pleno ejercicio de la igualdad, y en el respeto a la dignidad que todo ser humano merece.

“Yo no soy jurista, pero no es preciso serlo para comprender que hay una intención de proteger a las personas de la discriminación y la violencia en el espacio familiar, y la posibilidad de denunciar que tendrá cualquier persona que conozca de los hechos.

“Además, se protege más a los niños y adolescentes, a los ancianos, a las personas en situación de discapacidad, a quienes aman a otras personas de su mismo sexo y que tanto han sufrido por los prejuicios consustanciales a la heteronormatividad… Yo, al menos, no me siento con el derecho de obstaculizar la vida de nadie ni de vulnerar sus derechos”.

La visión de Luisa es la que compartimos muchas cubanas y cubanos; pero en un referendo vale la voz de la mayoría; por tanto, el voto libre, secreto y directo permitirá a cada elector expresar su voluntad frente al Código de las Familias.

En la opinión de esta reportera, marcar la opción positiva en la boleta electoral no es un acto de reafirmación política ni mucho menos un favor que podemos hacer a los ancianos maltratados, a los abuelos separados de sus nietos, a las personas violentadas, a las parejas infértiles, a la comunidad LGBT ni a quienes viven con alguna discapacidad.
Votar Sí es darnos a nosotros mismos la oportunidad de ser humanos.

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Indira Ferrer Alonso

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