Santiago de Cuba,

Inés, la primera médica de un caserío en la Sierra Maestra

18 November 2023 Escrito por 
Cortesía de la entrevistada

A la doctora Inés María Rizo Sánchez la conocí en las cercanías del Pico Turquino. Casi cuarenta años depués de que esas lomas entre cielo y mar
le entraran por las pupilas, volvió a las cercanías de la Sierra Maestra.

Dicen que en los días de lluvia los recuerdos reinan y yo estaba allí, lista para escuchar los que había tejido en su juventud, cuando era una joven
citadina sin habilidades ni motivación para habitar el lomerío.

Llegué a la Sierra muy jovencita -dijo- sentía temor de lo que podría enfrentar porque nunca antes me había alejado de mis padres, ni había estado en el campo, y me asustaba un poco tener que vivir sola y con la responsabilidad de atender a una población campesina. Soy fundadora de la medicina familiar y del Plan Turquino, dos programas de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro que, a mi modo de ver, son pilares de la
justicia social lograda por la Revolución.

"En ese momento era un orgullo para mis padres y a la vuelta de 40 años es un orgullo para mí."

En 1984 la doctora Inés cursaba el sexto año de la carrera de Medicina y fue incluida en un grupo de 12 jóvenes santiagueros que partirían hacia zonas inhóspitas de la región oriental para iniciar el programa del Médico de la Familia.

"A mí me correspondió un consultorio en el municipio granmense de Guisa, en una localidad llamada Arroyo Blanco. No lo sabíamos entonces pero éramos parte del nacimiento de la medicina comunitaria. Allí estuvimos dos años, un tiempo inolvidable."

-¿Por qué inolvidable?
"Porque llegamos con muchas expectativas y con muy poca experiencia (sonríe), pero con el paso de los meses nos fuimos adiestrando y nos compenetramos mucho con la población que atendíamos. La gente de la serranía nunca había tenido un médico tan cerca y nuestra labor allí
permitió revertir los indicadores de mortalidad. Nuestra labor contribuyó a transformar el cuadro higiénico sanitario de esa provincia."

-¿Cómo fue el comienzo?
"Nosotros éramos 'un suceso'. Cuando llegaron los médicos, los maestros que ya estaban en la Sierra hacía años, se pusieron medio celosos -dijo en tono de broma-.

"Los campesinos nunca habían tenido un médico en su comunidad. Y por primera vez tenían acceso a uno a cualquier hora. Nos buscaban incluso de madrugada, y nosotros los atendíamos."

- ¿Cuántos pacientes tenía?
"Bueno, en esos momentos el médico de familia atendía 120 familias. Realmente era una cifra muy buena para trabajar, pero con una particularidad: en la Sierra las casas estaban muy lejos, y teníamos que recorrer largas distancias a caballo..."

-¿Y la muchacha de ciudad sabía montar?
No (sonríe). Primero tuvieron que darnos un curso de equitación y más o menos en la marcha fuimos ganando habilidad. Ese no fue el único "problemita" que tuvimos que enfrentar: no había carreteras ni asfalto en ninguna parte, el terreno era irregular, no había electricidad. En el consultorio teníamos una planta eléctrica y para conservar los medicamentos, un refrigerador que funcionaba con luzbrillante. Sin embargo, en esas condiciones llegamos a realizar cirugías menores.

Estábamos tan lejos de los hospitales que había que hacer lo que fuera necesario por los pacientes. Para mí fue una experiencia muy bonita, y lo que aprendí me ha servido para toda la vida."

- ¿Cuáles eran las enfermedades más comunes en la población?
"Fundamentalmente las transmisibles, las enfermedades diarréicas y el parasitismo intestinal. Y de las crónicas la hipertensión, la diabetes..."

-¿Qué fue lo que más le impactó de aquellos años en la serranía?
"Lo que más me impactó fue que desde el primer momento la comunidad nos acogió: para los médicos siempre hubo puertas abiertas. Los
campesinos sabían que éramos unos jóvenes iniciando su vida profesional. Ellos, que aparentemente tenían poca cultura, nos permitieron formar parte de su mundo, confiaron en nosotros y nos apoyaron. Además, había mucha gratitud hacia el médico de familia, una gratitud real, limpia, que nos marcó a todos.

"Durante esos dos años trabajé con una enfermera, también joven. Entre las dos, y con la cooperación de los líderes formales e informales de esa localidad, pudimos cumplir cada objetivo."

-Ser médico de familia es una gran responsabilidad, y algunos prefieren otros
puestos de trabajo, quizás porque en la comunidad hay que enfrentar complejidades propias de la profesión y otras que van más allá de la práctica
médica.

-¿Vale la pena ser médico de la familia?
"Quien decide estudiar Medicina por una verdadera vocación, por amor a las personas y voluntad de ayudar, se enamora de la profesión dondequiera que la desempeñe. Yo quería estudiar otra especialidad, y mi compromiso con la
población me llevó a la medicina comunitaria.

"Desde entonces he sido médica de familia y ahora formo a otros médicos de familia. Te puedo asegurar que ha valido la pena cada minuto. Me hice especialista en Medicina general integral, y fui creciendo dentro de la especialidad. Ahora soy profesora auxiliar y mientras tenga fuerzas estaré al servicio de este Programa, que se encuentra en un proceso de perfeccionamiento. "Realmente es muy necesario el rescate de los principios fundacionales de nuestro Programa, cómo lo concibió Fidel. Siempre les digo a mis alumnos que lo primero a perfeccionar somos nosotros mismos.

Necesitamos mayor entrega al trabajo, mayor compromiso con esa población. No se es un buen
médico si junto a la sensibilidad no marcha la profesionalidad, y viceversa.

-¿A estas alturas, qué es lo mejor que le ha dado la medicina familiar?
"Mis pacientes. Tengo muchos. Todavía me recuerdan, incluso algunos que atendí siendo pequeños y hoy son adultos, me ven en la calle y me saludan con cariño. Yo me entregué a ellos, los visitaba, y no era fácil. Ser médico o enfermero
de la familia no es fácil.

"Cuando estaba en la Sierra Maestra yo era como el cura en un pueblo de antes: todo el que tenía un problema, aunque no fuera un problema de salud, venía a planteármelo a mí. Ahora los médicos atienden a una población mucho mayor y son más complejos el trabajo y el contexto. Precisamente por eso yo hablo de la consagración que hay que lograr. Si uno se supera y adquiere mayores
competencias profesionales, si uno se entrega al trabajo y como médico se involucra en la vida cotidiana de la comunidad, si se relaciona con los vecinos, los visita y se interesa por sus preocupaciones, la gente lo agradece, confía más en su médico y se logran mejores resultados en los diferentes indicadores."

En Santiago de Cuba se mantienen activos más de 10 fundadores del Programa de medicina familiar. Unos desde la Universidad de Ciencias Médicas, y otros desde las instituciones asiatenciales, incluyendo los consultorios, continúan aportando al empeño de lograr mejores servicios de Salud.

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Indira Ferrer Alonso

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