Santiago de Cuba,

DECODIFICANDO familias

Solo la prevención puede reducir el riesgo

05 November 2022 Escrito por 

Todavía muchas personas piensan que el dengue es una enfermedad inofensiva, y por eso le confieren muy poca o ninguna importancia. Algunos creen que no pasa de la fiebre, los dolores corporales y un molesto rash que irrita la piel. Sin embargo, no todas las epidemias son iguales y en la actual existe un riesgo incrementado de padecer las complicaciones graves de esta afección.

Para nadie es un secreto que la transmisión de esta arbovirosis es el problema de salud más urgente hoy en Santiago de Cuba debido a la circulación de los cuatro serotipos del virus DENV y a la alta infestación del mosquito Aedes aegypti.

Aunque este padecimiento tiene una baja letalidad, no puede subestimarse el peligro que implica. Al respecto, el doctor Alexis Bostic Martínez, especialista en Medicina interna con amplia experiencia en el manejo del dengue, explicó que haber padecido la arbovirosis incrementa la posibilidad de que en una nueva infección por DENV se produzca un cuadro clínico con deshidratación grave, sangrado en varias partes del cuerpo, fuga de plasma sanguíneo,  disminución del número de plaquetas, síndrome de shock por dengue, y fallo múltiple de órganos, al punto de ocasionar la muerte.

A veces mirar atrás ayuda a entender los riesgos del presente. En 1981 Cuba sufrió una epidemia en la que enfermaron 300 000 personas y un tercio de estas desarrolló complicaciones graves. Como resultado, fallecieron 158 pacientes, la mayoría niños. Y en 1997 se produjo otra, que comenzó justamente en la ciudad de Santiago de Cuba. Entonces el saldo de enfermos fue de     5 000 y se registraron 12 fallecimientos.

Ahora estamos enfrentando la epidemia más peligrosa desde aquella, y entenderlo puede ser la clave para que todos nos unamos en el empeño de prevenir.
Como promedio, unas 500 personas en este territorio acuden cada día a los servicios médicos con síntomas y signos que sugieren la infección; y el diagnóstico se confirma en el 64.3% de las muestras estudiadas en laboratorio.

La causa de la actual contingencia es que continúa siendo alta la infestación del vector, aunque en el último mes ha disminuido discretamente la focalidad, con 3 352  focos, 335 menos que los detectados en el ciclo anterior.

La población tiene un rol fundamental en esta lucha porque el mosquito vive en la casa, y sus alrededores. Por tanto, todo lo que se haga para impedir su reproducción, impacta favorablemente en la salud colectiva.

De ahí la urgencia de recurrir a normas higiénicas bien conocidas, como mantener correctamente tapados los depósitos de agua -medida vital-, pues el 80% de los focos se ha encontrado en tanques bajos dentro de las viviendas.

Es necesario revisar la casa y el centro de trabajo para identificar y eliminar todo lo que pueda convertirse en criadero de mosquito; guardar bajo techo y bocabajo botellas u otras vasijas útiles mientras no se estén utilizando; cepillar y cambiar el agua a los bebederos de animales; enterrar neumáticos viejos; sanear patios, azoteas y los alrededores de las viviendas; chapear áreas enyerbadas; y no arrojar desechos sólidos en la vía pública, pues cuando llueve acumulan agua y generan criaderos del vector.

Además de garantizar que en nuestro hogar no hayan condiciones propicias para el Aedes aegypti, hay que promover la precaución entre los vecinos: alertar, convencer… ayudar a los demás a tomar conciencia de que resulta urgente eliminar a este peligroso insecto.

También hay que estar atentos para acudir al médico ante la aparición de los síntomas y signos de alarma. La fiebre, el decaimiento, el dolor muscular y retrocular (detrás de los ojos); el dolor abdominal intenso, vómitos, sangrado nasal o de las encías, manchas rojas en la piel, son algunas de las manifestaciones clínicas que no debemos ignorar porque el enfermo podría presentar un cuadro grave e incluso letal si no se atiende oportunamente. Además, el aislamiento que indica el facultativo, ya sea en ingreso domiciliario o institucional, contribuye a evitar la propagación del dengue.

 Ayudar desde el ámbito doméstico o laboral al empeño de controlar la enfermedad es una necesidad de todos. Solo la responsabilidad y la prevención pueden reducir el riesgo. No puede subestimarse a este enemigo, el dengue es un lobo con piel de oveja.

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Indira Ferrer Alonso

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