Santiago de Cuba,

Julia compró una casa y un problema

20 September 2022 Escrito por 
Tomada de Internet

El sueño de Julia era tener una casa. Ocho años de amor con Rey no habían sido un lecho de rosas porque la convivencia con otros familiares suponía un reto constante a su relación.

“Nosotros tuvimos muchos problemas por no tener casa propia. Primero estuvimos dos años en la de su mamá; pero ella no me soportaba, no respetaba nuestras cosas... Desde los primeros días, dijo que yo tenía que encargarme de todo lo de su hijo porque si él tenía mujer, pues que lo atendiera. Y para mí no era problema porque nosotros compartíamos los trajines... y eso la ponía muy mal.

“Cuando ella necesitaba algo, entraba al cuarto mientras no estábamos y lo cogía… arroz, azúcar, jabón, una cabeza de ajo... lo que le hiciera falta… y como era su casa no podíamos poner un llavín a la puerta; y si le negábamos algo había que escuchar sus indirectas toda la semana.

“La ex de mi esposo era su hija del alma: la invitaba a las celebraciones familiares, siempre la elogiaba en los mismos aspectos que me criticaba a mí. Es muy difícil convivir con una persona que te detesta, y yo me cansé. En mi casa no cabía ni una pulga, pero nos fuimos para allá.

“Sin embargo, los problemas no acabaron. Para mis hermanos, mi marido era un haragán y eso trajo muchos conflictos. En ese tiempo, mis hermanos y mi papá estaban reparando la casa. Y Rey no fue una gran ayuda, la verdad.

“Él nunca en su vida ha pasado trabajo porque sus padres se lo dieron todo para que estudiara sin preocupaciones y lo suyo es el trabajo intelectual. Ayudaba en la construcción, pero se quejaba de que le dolía todo el cuerpo con tanto esfuerzo y al día siguiente tenía que irse a trabajar muy cansado, y no rendía lo suficiente. Entonces empezó a ‘sacarle el cuerpo’ a la construcción y los fines de semana siempre tenía que hacer algo fuera de casa. Regresaba de noche con alguna excusa y así se evitaba la albañilería. “Eso fue una bomba de tiempo porque mi familia comenzó a reclamar que si él vivía en la casa también tenía que ayudar… Y por ahí empezaron los problemas, luego vinieron más incomprensiones y la tabla de salvación fue la misión.”

Hay soluciones que traspasan el alma, y Julia sabía que irse era una de esas.

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“Rey y yo lo habíamos conversado mil veces; sabíamos que iba a ser difícil estar tanto tiempo separados, tendríamos que esperar más para tener nuestros hijos, pero esa era la única manera de lograr el dinero para comprar una casa. Y cuando llegó el momento de viajar, nos juramos que íbamos a resistir la distancia, como habíamos resistido tantas dificultades.”

Días antes de la partida, se casaron sin decirle a nadie, y decidieron que él regresara a la casa de su madre hasta el retorno definitivo de su esposa.

No fue fácil. Por un lado era una buena oportunidad de crecimiento profesional y por el otro la solución a los problemas económicos de la pareja. Sin embargo, implicaba estar mucho tiempo lejos uno del otro.

“En esa época no era como ahora que con el celular te conectas con la gente en cualquier parte del mundo. Dependíamos de una amiga que le hacía llegar mis mensajes de correo electrónico ya impresos. Te imaginas cómo hay que cohibirse de decir cosas cuando dependes de un intermediario; pero bueno, yo llamaba cada vez que podía y hablábamos de nosotros con más intimidad.”

Cuando Julia venía de vacaciones había luna de miel. En cada viaje trajo equipos y otros bienes que utilizarían en su futura casa, incluso trajo para reponer electrodomésticos que su esposo había roto accidentalmente.

“A veces él me pedía autorización para vender ropas mías que yo dejaba, y otras que usaba antes de la misión y que ya no me las pondría. A mí me parecía bien porque con ese dinerito él estaba un poco menos ‘apretado’. El salario no le alcanza a nadie.”

Llegado el fin de la misión, compraron un apartamento. Lo remodelaron y amueblaron. Lo convirtieron en un sitio ideal para vivir con los hijos que soñaban tener.

“Todo lo malo vino después: Rey ya no era el mismo aunque se esforzaba por serlo. Yo estaba casi segura de que tenía otra mujer y tuvimos discusiones por mis celos; pero él lo negaba.

“Un día fue a mi trabajo una muchachita y esperó pacientemente su turno para verme, como una paciente más. Cuando se sentó frente a mí y le pregunté ‘qué le pasa’, me dijo ‘yo soy la hijastra de Rey’.

“Aquello me pareció una broma de mal gusto, pero resulta que no. Ella llevó las fotos de sus 15 y ahí estaba mi esposo, junto a la madre y al hermanito, un niño de un año, que era el hijo de Rey.

“Fue a contármelo todo en venganza porque le había faltado el respeto a su padrastro, mi marido, y la madre le dio una bofetada. Entonces no escatimó detalles y con cada palabra suya caía un pedazo de mi vida, que se rompía como un cristal.”

La adolescente le contó de los regalos que Rey llevaba a su madre: ropas, un televisor, un DVD, una olla de presión eléctrica y un ventilador. Lo mismo que, supuestamente, se había roto cuando ella se encontraba en Venezuela. La jovencita sabía, incluso, que esas cosas las había traído Julia.

Esa conversación marcó el principio del fin. Julia decidió divorciarse y él realmente no hizo nada por mantener el matrimonio. Solo le advirtió que quería todo a lo que tenía derecho.

“Tuve que dividirlo todo. De nada me sirvió contratar un abogado para litigar. La ley lo favorecía a él. Yo fui a otro país, trabajé muchísimo lejos de los míos, corrí riesgos porque en Venezuela hay mucha violencia y hay que tomar precauciones de todo tipo para no tener problemas, y sin embargo, él se quedó aquí haciendo su vida… y tanto la hizo que hasta formó una familia. Y encima tuvo derecho a todo: no puedo dividir el apartamento ni me puedo llevar a mi compañero actual a vivir conmigo porque la casa es de los dos, y Rey nunca se ha ido por completo ni se va a ir.

“Si yo el domingo 25 de septiembre voy a votar en el referendo, es para que no se repitan las historias como la mía. Yo sé que el Código de las Familias tiene muchos beneficios para todos los tipos de familia que hay en Cuba y eso lo respeto y lo aplaudo, pero para mí lo mejor es la posibilidad de casarse con separación de bienes, o decidir qué cosas no integrarán la comunidad matrimonial de bienes.

“Te divorcias y lo tuyo es tuyo, y lo mío es mío. No como la ley vigente, que da lugar a muchas injusticias.

“Para mí, darle la posibilidad de elegir a las personas qué van a hacer con sus cosas cuando se disuelva el matrimonio, es una manera de respetar el sacrificio y el esfuerzo de cada cual. Por eso, yo voy a votar sí”.

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Indira Ferrer Alonso

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