Orlando Guevara Núñez
Antes de 1959, en Cuba se celebraba el 20 de mayo como día de la independencia nacional. Se nos decía en las escuelas que ese día había nacido la República independiente, que había cesado el dominio español y desde entonces teníamos la más plena libertad. Todo eso, se agregaba, gracias a la “generosa ayuda” del gobierno de los Estados Unidos, a quien debíamos eterno agradecimiento.
No hay más que un medio de vivir después de muerto: haber sido un hombre de todos los tiempos, o un hombre de su tiempo”. En esta aseveración martiana pensamos al conocer el fallecimiento del revolucionario santiaguero Carlos Sarabia Hernández. Porque él fue, antes y después del triunfo de enero de 1959, un hombre de esos dos tiempos. Y en ambos nos legó una lección de ideas transformadas en acciones y de acciones traducidas en obras para la construcción y defensa de la Revolución.
Hoy, cuando las generaciones presentes de santiagueros –y de todo el país- lean estas líneas, les costará trabajo admitir que en la Cuba de antes de 1959 pudiesen existir ignominias como las aquí narradas. Ofensa grande para José Martí, quien expresó su deseo de que la ley primera de la república fuera el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.
El Partido Revolucionario Cubano, fue fruto del pensamiento, de la capacidad organizativa, del espíritu unitario y de la visión política de José Martí, en aras de organizar y llevar a la victoria la guerra necesaria, obtener la independencia y fundar después la ansiada república . Y su programa incluyó contribuir a la independencia de Puerto Rico.