En momentos como este de reverencias, una de estas tiene que ser para la memoria del maestro Adalberto Álvarez que tanto empeño puso en que el género sonero tuviera su Día Nacional.
El propio Adalberto, fallecido en septiembre de 2021, nunca se cansó de pregonar que Santiago de Cuba por derecho propio, se merecía no solo un Festival como el MatamoroSon, que acaba de ser “rescatado”, sino el reconocimiento en el ámbito nacional, por sus aportes al género y por la profusión de excelentes cultores, tanto agrupaciones como de figuras en lo individual.
Tiene la dicha esta urbe sur oriental, de que los santiagueros por esas cosas del destino parecen cantar cuando hablan y bailar un son al caminar, y hasta su topografía ondulante, parece moverse rítmicamente, al subir y bajar las lomas de sus calles.
No estaría completa la efeméride si no se le dedica igualmente, a ese otro grande de la música popular cubana como fue el pinareño Miguelito Cuní, nacido el 8 de mayo pero de 1917.
Por todas esas coincidencias, es grandiosa la fecha del octavo día del quinto mes del año y aquí en Santiago de Cuba mucho más cuando celebramos por todo lo alto el Festival MatamoroSon luego de un “impás” incomprensible de varios años.
Hasta la necrópolis “Santa Ifigenia” irán hoy músicos y pueblo en general a llevarle una flor al inmenso Don Miguel y a decirle que su legado conserva la lozanía de cuando él escribió y musicalizó Juramento o el Son de la loma, dos temas que hubiesen bastado para hacerlo inmortal.