Santiago de Cuba,

Su nombre es pueblo

18 June 2022 Escrito por  Mayté García Tintoré

Le llamaron Mónica, Alicia, Deborah y Mariela, seudónimos de guerra que protegieron su identidad, cuando la dictadura herida de rabia buscaba incesantemente ajusticiar a los jóvenes clandestinos.


Fue una cubana de la estirpe de Mariana, que bajo las órdenes de Frank participó en el Alzamiento de la ciudad de Santiago de Cuba aquel 30 de noviembre de 1956, y que se unió al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra cuando su vida corría peligro y allí sería más útil. Entonces, tras los combates, alfabetizaba a soldados y campesinos y les hablaba del sueño de una Cuba libre.

Se le recuerda adornando la Sierra con una sonrisa en los labios, vestida de verde olivo y una flor en el cabello suelto o amarrado; entre los barbudos, hecha de acero y miel, ternura y entereza, volviéndose cada vez más imprescindible.

Así, la descubrió Raúl en medio de las adversidades y el amor los flechó para siempre. Se enamoró de su voz dulce, de esa picardía en la mirada pero también de esa rebeldía heredada quizás de su ciudad natal, porque sin duda, era una santiaguera de pura cepa.

Su nombre hace revivir gloriosos pasajes de la Historia de Cuba, fue una ferviente seguidora del pensamiento de Martí y del principio fidelista de ser libres o mártires. Estaba allí, en las calles, en medio de las manifestaciones o afianzando sus ideas políticas en la Universidad de Oriente, cuando era una de las tres muchachas que estudiaban Ingeniería Química Industrial.

Aquella joven de esmerada educación, lo mismo se le escuchaba en la Coral Universitaria, que actuando en un grupo de danza porque de pequeña estudió ballet; y hasta en el deporte fue la capitana del equipo de voleibol de la Universidad de Oriente.

De su coraje nació un enero luminoso que rompió con desmanes, silencios, miserias. Pero se encontró con una Cuba desigual y machista, y su única certeza era que había que cambiar la historia. Llegó entonces el 23 de agosto de 1960 y la Federación de Mujeres Cubanas, y el 10 de abril de 1961 funda los círculos infantiles; vinieron también las escuelas de oficios para campesinas y domésticas, la Revista Mujeres, el instituto para menores sin amparo filial o con hogares disfuncionales, programas de Educación Sexual, Planificación Familiar y Salud Reproductiva, Maternidad y Paternidad Responsables, las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia…hizo de la mujer una Revolución dentro de la Revolución, a decir de Fidel.

Heroína de la República de Cuba, esta dirigente partidista, parlamentaria, madre, esposa, amiga y combatiente, mereció importantes condecoraciones, y fue reconocida como líder del pensamiento progresista femenino. Hizo tanto por todos, que desde entonces su nombre es pueblo.

Fue gris aquel 18 de junio de 2007 cuando en La Habana le atrapó la muerte. Se despedía de Cuba una revolucionaria simpar, que dedicó su vida a defender, abogar y amar las causas más justas, que alzó su voz al mundo para hablar de derechos, equidad, de igualdad de géneros, de eliminar violencias y discriminaciones; quien con estoicismo hizo de la palabra Mujer: respeto, dignidad, oportunidades, Revolución.  

Hoy cuando se cumplen 15 años de su partida física, no podemos dejar de recordar a Vilma Lucila Espín Guillois, una cubana que vivirá eternamente por llanos y montañas, en cada rincón de este planeta y de este país, donde a diario se hace historia, esa que jamás podrá escribirse sin que en esta brille un nombre de mujer.

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