Santiago de Cuba,
Orlando Guevara Núñez

Orlando Guevara Núñez

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En su demencial afán de destruir  a la Revolución cubana, tanto el presidente Trump como el secretario de estado, Marco Rubio y su camarilla gobernante, no cesan de inventar pretextos para mantener su bloqueo genocida y amenazar con una intervención armada, siempre con la mentira como arma.

“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en una Santa Alianza para acorralar a ese fantasma (…) ¿Qué oposición no ha sido acusada de comunismo por sus adversarios en el Poder? ¿Qué oposición, a su vez, no ha lanzado a sus adversarios de derecha o izquierda el epíteto zahiriente de comunista?”.

“Lo de Marco Rubio no tiene nombre” Esta afirmación la leí de un politólogo de los Estados Unidos, quien criticaba a este personaje por sus incoherencias y engaños en el ejercicio de su cargo. Y pienso que sí tiene nombre, muchos nombres: mentiroso, charlatán, ladrón, violador de las leyes de su propio país…

El combate de El Uvero, el 28 de mayo de 1957, al decir del Che, marcó la mayoría de edad de la guerrilla, integrada para esa fecha por sobrevivientes de la expedición del yate Granma, campesinos y obreros incorporados durante los días posteriores al desembarco, más un grupo de combatientes que en marzo de ese mismo año habían subido a la Sierra Maestra, enviados por el héroe de la lucha clandestina, Frank País García.

Antes de 1959, en Cuba se celebraba el 20 de mayo como día de la independencia nacional. Se nos decía en las escuelas que ese día había nacido la República independiente, que había cesado el dominio español y desde entonces teníamos la más plena libertad. Todo eso, se agregaba, gracias a la “generosa ayuda” del gobierno de los Estados Unidos, a quien debíamos eterno agradecimiento.

No hay más que un medio de vivir después de muerto: haber sido un hombre de todos los tiempos, o un hombre de su tiempo”. En esta aseveración martiana pensamos al conocer el fallecimiento del revolucionario santiaguero Carlos Sarabia Hernández. Porque él fue, antes y después del triunfo de enero de 1959, un hombre de esos dos tiempos. Y en ambos nos legó una lección de ideas transformadas en acciones y de acciones traducidas en obras para la construcción y defensa de la Revolución.

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