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Hombre de amor y de palomas

01 November 2026 Escrito por 

Hace 10 años que el corazón de Cuba está en Santiago. Late junto al monolito con forma de grano de maíz que desde el 4 de diciembre de 2016 atesora las cenizas del Comandante eterno de los cubanos, en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia.

Desde allí Fidel es luz y ejemplo. En aquel pedacito de tierra, a la diestra del Apóstol, recibe cotidianamente la eterna reverencia de cubanos y extranjeros: una lágrima, una reflexión, un compromiso, una flor, y allá lo alcanza el halo mítico que le acompañó durante su vida.

Atestiguan quienes custodian sus restos, que casi desde su llegada, las palomas, que como símbolo de paz y pureza le acompañaron en la titánica obra de amor que es la Revolución cubana, han resguardado su sepulcro. Quien visite la necrópolis santiaguera en una tarde tranquila o temprano en la mañana, con suerte, puede comprobarlo.

A los pocos meses de la siembra de Fidel en Santa Ifigenia, una pareja de tórtolos comenzó a arrullarse en las cercanías del monumento funerario que atesora las cenizas del Líder. Juntos o por separado, se alzan al amanecer, emprenden vuelo, y cada tarde regresan para posarse en la parte superior de la pirámide trunca del Retablo a los Mártires del 26 de Julio; allí, muy cerquita del monolito.

Muchas veces, cuentan los asiduos, cuando el sol se oculta en el horizonte, se ha visto alguna de estas aves posada sobre la gran roca, o sobre el césped que la circunda. Unos dicen que lo cuidan, para otros es un símbolo de paz que evoca aquellas otras dos ocasiones anteriores en que hubo palomas sobre los hombros del eterno Comandante en Jefe de los cubanos.

La primera vez fue en el campamento militar de Columbia, el 8 de enero de 1959. Entre gritos y alegría desbordada, La Habana recibía a los barbudos y veía al líder guerrillero transformarse en mito. Palomas habían sido entrenadas para saludar con su vuelo a la caravana, pero al soltarlas se dispersaron.

Fue entonces cuando el ave blanca emergió de entre la multitud, y se posó sobre el hombro izquierdo del jefe guerrillero, consagrando para la historia aquel momento en que Camilo Cienfuegos le ratificaba que valía el camino escogido: “¡Vas bien, Fidel!”.

A 30 años de aquel suceso, en el mismo lugar, otro 8 de enero, pero de 1989, volvió a suceder: una paloma se posó en hombros del Comandante en Jefe, mientras pronunciaba el discurso por el trigésimo aniversario de su entrada a La Habana.

Ahora, en Santa Ifigenia, una pareja de tórtolos lo acompaña en su viaje hacia la inmortalidad. No se sabe exactamente el sexo de cada cual; la primera llegó unos 15 o 20 días después de que el ejemplo de Fidel fuera sembrado en la necrópolis santiaguera, cual si ese fuera su lugar de siempre.

Cuentan los que viven el día a día del cementerio, que al principio se posaba sobre la pirámide del monumento funerario a los mártires del 26 de Julio hasta que los acordes de la Elegía a José Martí, que acompaña cada cambio de guardia, rompían el silencio del camposanto.

Entonces, volaba asustada. Hoy parece haberse acostumbrado a los sonidos y silencios de Santa Ifigenia, convertido en sitio de peregrinación constante de cubanos y visitantes de las más diversas edades y profesiones.

La segunda paloma llegó unos dos meses después que la primera. Muchos pensaban que era un pichón; más tarde descubrieron que cortejaba a la otra a la hora en que el sol es menos fuerte. Juntas han definido una rutina: vuelan hacia los árboles circundantes y al caer la tarde regresan al monumento.

Más de una vez en estos años se ha visto a una de las aves con ramas en el pico. Los más duchos en temas colombófilos asumen que en esos momentos está anidando y hasta explican de esa manera el hecho de que desaparezcan por un tiempo de las miradas curiosas.

Protagonistas de la cotidianidad de Santa Ifigenia son enfáticos: los tórtolos siempre vuelven, incluso trayendo el fruto de su amor; ese que cultivaron a los pies del Altar de la Patria, con la complicidad de Fidel: un hombre de amor y de palomas.

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Odalis Riquenes Cutiño

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