Cada cubano con el corazón puesto en la Patria

20 تشرين1/أكتوير 2026 Escrito por 
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Esté donde esté, en cualquier circunstancia que se encuentre, el cubano digno debe tener a cada 20 de octubre como la ocasión insuperable para reflexionar sobre el significado del Himno Nacional. Mucho más en este aniversario 158, cuando son tiempos bien difíciles que han puesto a prueba la resiliencia y la entereza de un pueblo erguido firmemente, ante la arrogancia imperial. Se alza entonces la respuesta más enérgica: la contenida en los versos y compases guerreros de la obra musical de Perucho Figueredo.

La marcha La Bayamesa, que por primera vez se escuchó letra y música juntas aquel octubre del 68, fue desde el principio un símbolo de la decisión de quienes aspiraban a crear una nación independiente, aunque para lograrlo tuvieran que hacer cualquier sacrificio, hasta el de entregar la vida en el empeño.

Y fue, también, un testimonio de como las manifestaciones artísticas más genuinas son aquellas que nacen en el corazón del pueblo.

Al fusionar lo artístico de la música con la muestra más viril de la lucha patriótica, esencia de la creación de Perucho Figueredo, dicha circunstancia sirvió como base a la decisión de proclamar después del triunfo de la Revolución cubana, al 20 de octubre como Día de la Cultura Cubana.  

Año por año, la historia nos recrea el momento en que Perucho en su corcel, apoyado el papel en su pierna cruzada sobre la montura, escribe la letra para completar aquella marcha cuya música era pura ansia libertaria pues nace del espíritu independentista de su autor, que supo, primero con la música y luego con el texto, interpretar el sentimiento popular de lo que ya en 1868 es ser cubano.  

En verdad hacía casi un año, en 1867, la música fue compuesta en Bayamo. Y sus compases, escuchados por el teniente coronel Julián Udaeta, jefe español de esa plaza militar, despertaron en este la suspicacia: más que una sencilla pieza musical para ser estrenada en una velada artística en la iglesia de la localidad, aquello parecía una marcha.

Perucho Figueredo echó mano a su condición de músico que no tenía Udaeta, y disuadió al militar ibérico, quien luego de ser tomada la ciudad por los independentistas, al oir desde el calabozo donde estaba detenido la interpretación popular de La Bayamesa, comprendió que había sido engañado por la inteligencia de los cubanos.

Lo cierto es que la canción no solo prendió en las almas de los insurrectos bayameses sino que rápidamente se extendió por el archipiélago, lo que avala que la pieza deviniera Himno Nacional. 

Fue ese octubre del 68 del siglo XIX un mes luminoso: primero el 10, en el ingenio Demajagua inicia el Padre de la Patria el Grito de Yara; 10 días después, en Bayamo, otro notable independentista, Figueredo Cisneros, con el pentagrama hermoso en ristre, completa una marcha patriótica que trascendería el tiempo para desde entonces, emocionar al cubano digno que la escucha en cualquier sitio y circunstancia del mundo.

Ciento veintisiete años luego de aquel episodio histórico en las calles bayamesas, y de acuerdo con los postulados de la creación del Himno Nacional, es constituida en Cuba el 20 de octubre de 1995, la Sociedad Cultural José Martí (SCJM) con el Dr. Armando Hart Dávalos al frente, una “institución que apoyará la creación de filiales en todos los lugares donde haya un grupo de cubanos con el corazón puesto en la patria y en el Héroe Nacional”.   

Y es que para muchos hijos de esta tierra sagrada, el 20 de octubre de 1868 no solo se cantó el Himno por primera vez, sino que se cantó también la identidad cultural de los cubanos, por la razón más sencilla: himno, patria y cubano es lo mismo.

Que La Bayamesa fuera en el siglo XIX “un canto de combate destinado a unificar y fortalecer el espíritu independentista”, justifica que también hoy, siglo y medio después, sea un llamado a conservar la libertad por la que han dado la vida tantos cubanos, y al mismo tiempo consolidar para todos los tiempos, nuestra identidad cultural.  

Para los cubanos, el nacer de la nacionalidad en Bayamo, no pudo tener mejor escenario que aquella ciudad insurrecta, donde se fundieron la convicción en alzar las armas junto con el canto de una marcha devenida Himno Nacional, cuya letra no podía ser más explícita: “Morir por la Patria es vivir”.  

La Bayamesa conserva intacta su esencia que impulsa a generaciones: las más jóvenes y las menos jóvenes, a unir fuerzas y luchar sin claudicar; prestas siempre a superar cualquier escollo por enorme que sea, como nos enseñaron Céspedes, Perucho, Maceo, Martí, Máximo Gómez, Frank País, Camilo, el Che, Fidel... Ahí está el legado de Raúl, con su pie en el estribo para responder como lo hizo el Titán de Bronce en Baraguá ante el Pacto del Zanjón y reiterar del Himno Nacional ¡Al combate, corred bayameses!

 

 

 

 

 
 
 
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MSc Miguel Angel Gainza Chacón

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