Opinión
Faltaban apenas tres años para que cayera en combate, con 42 años a cuestas, pero ya desde el exilio, José Martí había comprendido una lección que las guerras anteriores no lograron resolver, sin una unidad orgánica, sin un instrumento político verdaderamente democrático y sin un proyecto colectivo por encima de caudillismos, la independencia de Cuba seguiría siendo un sueño postergado. Por eso, aquel 10 de abril de 1892, quedó formalmente proclamado el Partido Revolucionario Cubano (PRC), la culminación de su obra organizativa para la Guerra Necesaria.
Los psicólogos denominan el acto de atribuirle a otros los defectos e intenciones propias como proyección. Algo semejante viene ocurriendo en las relaciones Cuba-Estados Unidos, en los últimos tiempos, en los que el presidente estadounidense Donald Trump ha expresado que la isla es “una amenaza inusual y extraordinaria” para ese país.
En ocasiones, las grandes hazañas se encuentran en el asfalto caliente de la ciudad. Hace unos días, en la céntrica parada de Ferreiro -frente al hotel Las Américas-, mientras decenas de santiagueros luchaban por llegar a sus casas, abordé una camioneta particular que se dirigía a Micro 8. Al llegar a mi destino -la Universidad de Oriente- y preguntar el precio al chofer, este me respondió: “Nada, hermano, es gratis”.
La decisión anunciada este jueves por la Casa Blanca de castigar con una subida de aranceles a los países que exporten combustible a Cuba, sobre la base de extravagantes mentiras, va dirigida a torturar aún más a la población cubana con fines de injerencia, desestabilización, saqueo, cambio de régimen y dominación.