Opinión
Privar a un país de alimentos, combustibles, medicinas y otros recursos necesarios para la vida, como en el caso de Cuba, por parte
de Estados Unidos, mediante presiones, amenazas y sanciones, a otros países proveedores,, no soñó es una dura agresión económica sino,además un acto de genocidio contra su pueblo.
El mes de septiembre es recurrente para la realización de las sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas; sin embargo, la coincidencia está en lo ocurrido allí el día 22 y lo que pasó en esa fecha de 1960, cuando Fidel Castro llegaba a Nueva York al frente de la delegación que asistiría al XV Período de Sesiones de esa organismo.
Las buenas experiencias deben generalizarse y perdurar en el tiempo. Hasta hace unos meses colegas y amigos de otras provincias elogiaban el hecho de que, en medio de la difícil situación energética del país; en Santiago de Cuba –a diferencia de muchos territorios-, se planificaban los horarios de los apagones, primero semanales y luego diarios.
Estados Unidos, como reza un antiguo refrán sobre Roma, paga a los traidores, pero los desprecia. Utiliza y paga a mercenarios para tratar de desacreditar a la Revolución y destruirla, pero ha estado dispuesto, en pos de sus mezquinos intereses, a sacrificar hasta la vida de esas personas para justificar una agresión directa a Cuba.
Hay cambios que se sienten antes de que puedan medirse. Uno de estos tiene que ver con la manera en que los cubanos nos relacionamos diariamente: cómo saludamos, cómo hablamos, cómo tratamos a una persona mayor, cómo se comportan nuestros niños y jóvenes y cuánto respeto mostramos por quienes comparten con nosotros un espacio público.