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Cuando el joven Fidel pasó de acusado a acusador

16 October 2026 Escrito por 

Esa pequeña salita de estudio de las enfermeras que se conserva intacta en el hoy museo Abel Santamaría -antiguo Hospital Civil Saturnino Lora-, atesora en sus muebles y paredes, un hecho único en la historia: El joven Fidel Castro Ruz, abogado, se convirtió de acusado en acusador, al asumir su propia defensa, tras el asalto al cuartel Moncada.

Allí, bajo una férrea protección militar, su alegato fue una enérgica denuncia a los crímenes cometidos por la dictadura de Fulgencio Batista contra los asaltantes capturados; y expuso la miseria y la injusticia de la Cuba de la época, haciendo énfasis en los seis problemas fundamentales del país: la tierra, la vivienda, el desempleo, la industrialización, la educación y la salud. El histórico alegato fue nombrado como La Historia me Absolverá.

En el texto Cien Horas con Fidel, de Ignacio Ramonet, el Comandante en Jefe refiere al respecto: “empecé a interrogar a todos los esbirros, a todos los testigos, y aquello fue tremendo…No pudieron, me sacaron del juicio porque no podían ocultar mis denuncias, no había manera. Así que me juzgaron a mi solo”.

Sobre esa jornada declaró en cierta ocasión la colega Marta Rojas, quien valiéndose de varias artimañas pudo entrar al juicio como periodista: “más que el hecho, tengo en el recuerdo el golpe que dio con sus esposas para que se las retiraran”. Un gesto de valor y firmeza.

Sobre este hecho hubo muestras de manipulaciones del proceso: el día 21 de septiembre, Fidel compareció en la primera vista, en el Palacio de Justicia, pero fue apartado del grupo para ser juzgado por separado.

También, según refirió el doctor Roberto Fong Sorribes, investigador e historiador, al colega Miguel A. Gaínza,  “cuando Fidel estaba preso en Boniato la dictadura dijo que no podía asistir al juicio porque estaba enfermo y allá fueron los médicos Manuel Prieto y José Ramón Arturo Cabrales Arjona, y dijeron que este no tenía nada y que podía asistir a la vista”.

Pero esta no fue la única vez que estos galenos desafiaron a la dictadura y al peligro: Chaviano los mando a buscar para que, como forenses, certificaran que “la mayor parte de los jóvenes revolucionarios habían muerto en combate”, a lo que estos se negaron. Esos hechos demuestran el manejo del que fueron objeto los hechos relacionados con Fidel y los jóvenes asaltantes.

Fidel y su alegato nunca serán olvidados. En esa pequeña sala se multiplicó el coraje y la dignidad de un joven que siguió aportando y haciendo por su pueblo hasta los últimos días de su vida, e hizo realidad, paso a paso, la transformación de cada uno de los problemas enunciados aquel 16 de octubre de 1953.

Y a pesar del bloqueo y de las campañas que intentan desmontar nuestra historia, la Revolución entrega, solo en nuestra provincia,  la tierra a quienes la trabajan; edifica viviendas; garantiza el acceso al empleo, a la asistencia y a la seguridad social; concibió el polo industrial de Santiago, el más importante del Oriente; más de 1200 instituciones educativas; un sistema de Salud compuesto por miles de consultorios, decenas de policlínicos y más de 10 hospitales.

La nuestra, es una obra perfectible, pero incuestionable, que ha absuelto a Fidel, que nos encomendó conservarla y desarrollarla, siempre en Revolución.

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MSc Olga Thaureaux Puertas

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