Cierto es que Trump ha sido el más brutal, el más cínico, el más criminal, el más embustero; y que al perder ahora parte de su poder, le será más difícil concretar sus medidas anticubanas, incluyendo la intervención armada; pero ya ha anunciado poseer el poder del veto cuando lo estime necesario para imponer su voluntad, cuestión que, a nuestro juicio, provocaría un enfrentamiento interno del cual puede derivarse otra derrota para él.
Pero de locos y criminales puede esperarse cualquier disparate. Por ahora, ahí están intactas las leyes Torricelli, Helms-Burton, el arreciamiento del bloqueo, las amenazas y las intenciones de destruir a nuestra Revolución y tomar a nuestro país como un apéndice yanqui.
Eso implica, en primer lugar, nuestro deber de no descuidar ni un átomo la preparación para la defensa, reforzar nuestra unidad , cumplir con rigor las medidas económico sociales puestas en marcha y no ceder un solo paso en el propósito de preservar el socialismo como sistema social, con el esfuerzo propio.
Cuba, como ha sido siempre, mantendrá su disposición al diálogo con Estados Unidos, pero sobre la base de la igualdad y el respeto a nuestra soberanía, porque los principios, como nos enseño Fidel, no son negociables.