MSc Miguel Angel Gainza Chacón
Por las noches, algunos pescadores en sus chalanas de remos, salían del muelle de Abelardo, que era un laberinto destartalado de tablones viejos sobre estacas clavadas en el fondo del mar, en Los Cangrejitos, al final de la avenida Trocha. Y poco después, las embarcaciones, meciéndose sobre las aguas tranquilas de la bahía de Santiago de Cuba, ocupaban los puntos que mejor les convenía a sus dueños.