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Marlene fue a extraer lo poquito que le quedaba de dinero en el banco; se despertó a las tres de la mañana para llegar al cajero automático. Ya le habían comentado que desde esas horas alguien estaba expendiendo lugares privilegiados en la fila por el valor de 100 pesos. “De resolverle a 10 en un día, la ganancia de esa persona sería de 1 000 por jornada”, pensó. Valió la pena pedirlos prestados a su cuñada, porque a esas alturas ya no tenía ni un medio en efectivo.