MSc Olga Thaureaux Puertas
La conocí hace unos 30 años atrás. Para mí también era la Tiíta de esa hermana que la vida me otorgó. Siempre activa, ágil, dispuesta. Procedía de una familia obrera-campesina, integrada a la lucha; su abuelo, emigrado español, se incorporó a la guerra de independencia bajo las órdenes del general Rabí.
Vista hace fe. Y es cierto, aunque por razones evidentes de esta profesión, tenía información de la labor de los Órganos del Poder Popular, no fue hasta que formé parte de la Asamblea Provincial –durante los dos últimos mandatos- que aprendí mucho más sobre su funcionamiento, métodos y estilo de trabajo, y sobre todo cómo articular y hacer efectivo el principio democrático del ejercicio del poder por el pueblo.
Este 28 de octubre nuevamente la verdad, dura y real, invadió la sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Onu). Sí, porque esa verdad, traducida en cifras alarmantes, implica daños a seres humanos, a la economía, a la sociedad toda; y eso no se puede tapar con un dedo ni con actitudes provocativas, ofensivas y desafiantes.