Se les recuerda sin llanto…
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- Categoría: Titulares
- Escrito por Mailen Portuondo Tauler
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No es precisamente el hecho de pertenecer a esta familia heroica lo que me hace recordarlos cada 17 de abril. Jóvenes, muy jóvenes eran los hermanos Marañón cuando la furia vengativa de los sicarios se abalanzó sobre ellos tras participar en las acciones de la Huelga General del 9 de abril de 1958, en Santiago de Cuba.
Como una jauría feroz los esbirros batistianos cayeron sobre las casas marcadas con los números 860 y 864 de la calle Aguilera, entre San Miguel y Calle Blanca. De allí sacaron hacia la tortura y la muerte a Sergio, Melquíades, Conrado y Hernán Marañón, y al primo de estos, Marcelo Pacheco Pérez. Pero, ¿quiénes eran estos jóvenes? ¿Cuáles sus acciones que llegaron a hacer que la proverbial saña de las “autoridades” de la dictadura alcanzara un clímax tan terrible?
Provenían de una humilde familia santiaguera, la Marañón Pérez, cuyo único sostén era una modesta fonda que poseía el padre en el antiguo Mercado Vidal de Santiago de Cuba. Esa limitación económica, como era lógico en aquella época, gravitó en las posibilidades de los hijos para completar una educación y hacerse de una profesión. Apenas lograron realizar los estudios primarios en la escuela pública No. 6 Don José de la Luz y Caballero. Las inquietudes revolucionarias de los jóvenes comenzarían tempranamente; las acciones criminales, los desmanes de la dictadura batistiana, hirieron su sensibilidad y prontobuscaron los medios para luchar contra el tirano.
Sergio, Melquíades, Conrado y Hernán se suman al Movimiento 26 de Julio poco después de los sucesos del 30 de Noviembre. Sus hermanas Eunomia y Olga también eran militantes del 26 de Julio. Marcelo no era más que un simpatizante de la insurrección, pero también fue asesinado ese día aciago para la familia. Los hermanos participaban en sabotajes y atentados, en ajusticiamiento a chivatos, lanzamiento de cocteles molotov, desarmes a policías, guardias, serenos; siempre mostrando gran disposición, valentía y arrojo para el peligroso trabajo clandestino.
Abril: la audacia revolucionaria y un revés doloroso
Abril fue un mes tenso, violento. Los preparativos para la huelga general revolucionaria del día 9 habían puesto a la dictadura en una expectativa dinámica. Así la prensa publicaba el primero de abril de ese año la noticia de que el Congreso había aprobado el Estado de Emergencia Nacional; lo que significaba “carta blanca” para hacer aún más terrible la represión imperante. Por otra parte, la CTC Mujalista aconsejaba “paternalmente” a la juventud cubana para que se abstuviera de participar en la lucha insurreccional, además de declarar injustificado el llamamiento a la huelga.
Los preparativos represivos y el cinismo conciliador no lograron impedir que, llegada la fecha, los grupos revolucionarios cumplieran heroicamente con las misiones que se les había encomendado.
Destacada fue la participación de los Marañón en la Huelga de Abril. Melquíades y Marcelo, tras 48 horas de acuartelamiento en una casa de San Agustín entre Trocha y Rey Pelayo, prenden fuego a los servicentros de Trocha y Paraíso, y de Trocha y Aguilera. Sergio, el mayor de los Marañón, escapándose de una microonda, intenta un atentado contra el policía Rolando Ortiz, al que le decían La Sombra. El atentado fracasa y una microonda lo detiene en Garzón y San Miguel, Sergio se tira de esta y llegan a alcanzarlo con un tiro a sedal; puede llegar a su casa; tratan de vendarlo, le cambian la camisa y luego llega una máquina del Movimiento y lo trasladan para curarlo definitivamente en otro lugar.
Sergio tuvo que salir en dos ocasiones de la ciudad para la zona de El Cristo y Melquíades para Dos Bocas, en ocasiones en que estaban muy perseguidos y la situación se tornó muy tensa y peligrosa. Hernán, el cuarto hijo entregado a la Revolución, por ser el más pequeño lo protegían mucho y solo pudo actuar en pocas actividades contra la esbirrada.
Sin embargo, la huelga no alcanzó la magnitud que se esperaba. Alertada, la tiranía impidió las acciones previstas en algunos lugares. Más de 100 jóvenes murieron en combate frontal contra los esbirros, mientras otros fueron bárbaramente asesinados en los días siguientes al revés. En estos días cruciales es que se produce la detención y posterior muerte de los Marañón y Marcelo Pacheco.
Torturados, asesinados y tirados
Ya habían transcurrido varios días de la Huelga General Revolucionaria y los Marañón estaban de regreso en su casa. Ena, hermana de los héroes, hoy residente en el centro urbano José Martí, recuerda que a las cinco de la mañana del 16 de abril de 1958 dos microondas llenas de policías y matones, entre ellos el teniente Enrique Despaigne Moret y el sargento Caso Pérez, se llevaron a todos los varones que allí se encontraban.
“Ellos entraron locos buscando a Sergio, pero como no pudieron encontrarlo salen con mis otros tres hermanos y se ponen a conferenciar en la puerta, parecían perros olfateando…La cuestión es que, por algún motivo, vuelven a entrar a la casa. La Sombra, que estaba furioso por un atentado que Sergio había tratado de hacerle sigue hasta el patio y allí lo descubre; casi sin ropa, ni zapatos, lo sacan para la calle, le entran a golpes y se los llevan a todos. Después la persecución contra la familia fue terrible; no les bastó con torturarlos, matarlos y tirarlos por ahí.”
Tras un mes de búsqueda, en el camino Viejo de El Cobre encontraron los cadáveres de Sergio y Melquíades, de 25 y 19 años respectivamente. Conrado, Hernán y el primo Marcelo aparecieron en la finca La Ratonera, en Baire. Conrado contaba con 21 años y Hernán, menos de 18. Marcelo, también era muy joven. “Cuando triunfó la Revolución y se sacaron sus restos, su entierro fue una manifestación de duelo popular”, reseña Ena Marañón.
La Revolución hizo justicia
Pronta justicia hizo la Revolución cuando triunfó. Despaigne, Caso y La Sombra pagaron ante el paredón sus crímenes; sus delatores fueron condenados por el repugnante papel que jugaron en aquellas muertes.
Pero el crimen atroz no pudo quebrar la moral revolucionaria de dos familias que se han mantenido fieles a los ideales patrios, brindando activamente su aporte a la construcción del socialismo; combatientes, maestros, médicos y trabajadores internacionalistas son las ramas de tronco familiar tan fecundo. Esta es una forma de recordarlos y amarlos cotidianamente. Adquieren en este caso plena vigencia las palabras de Martí cuando dice:
“Nosotros amamos más cada día a nuestros hermanos que murieron (…) pero no los olvidamos, porque ellos viven en las agitaciones excelsas de la gloria”.
En el aniversario 58 de su desaparición física, los Marañón viven. Son eternos. Inmortales. Están presentes en la dignidad del pueblo, en las conquistas del socialismo, en la resistencia contra el imperialismo.
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Fueron cinco jóvenes santiagueros de una misma familia que se lanzan a la huelga con firmeza e hidalguía. La huelga del 9 de abril, un hecho trascendental, que dio muestra de coraje de patriotismo y lealtad. Sergio, Melquíades, Conrado Hernán y el primo Marcelo, con valentía y desvelo participan en la acción para librar a su Patria de ese tirano opresor. Sergio, mayor de los Marañón, en las acciones el más audaz en sabotaje y en toda operación, mostraba capacidad. Cuánta angustia y sufrimiento por los jóvenes aguerridos que regresan al hogar y de allí fueron sacados por asesinos enfurecidos. Y el 17 de abril del año 58 los tiran torturados y acribillados dos en el camino del Cobre tres en un cañaveral de Baire donde nadie los conoce a eso se llama barbarie. Así mueren cinco revolucionarios por ver a su Patria libre que firmeza de ideales por eso son inmortales. Lic. Norma García Moya |

