José Martí: incansable divulgador de la ciencia

Categoría: Titulares
Visto: 1852

jose martiEl apóstol de Cuba es uno de los grandes pensadores de nuestra América en el siglo XIX. Sus cualidades de poeta, orador, dirigente político, crítico de arte, cronista, traductor, dramaturgo y educador, oscurecieron otras facetas de este genio: la del hombre interesado en el conocimiento científico y tecnológico, la del periodista popularizador de una cultura científica, salida de su pluma en forma de artículos, notas, cartas, que traen ante nosotros a un Martí tierno y dulce, profundamente reflexivo y atento a todo lo que ocurría a su alrededor. En su condición de comunicador científico, dejó en sus obras un incuestionable ejemplo de cómo difundir los avances de la ciencia y la técnica con un lenguaje asequible y cautivador.

Según el criterio de los investigadores Alexis Schlachter y Josefina Toledo Benedit la génesis de ese periodismo científico se encuentra en España, durante su etapa de estudiante, donde, en compañía de Fermín Valdés Domínguez -entonces estudiante de medicina-, mostró pasión por lo relacionado con la arqueología y la antropología, empezando a escribir artículos en los cuales dejaba los juicios que le merecían los monumentos antiguos. Esta inquietud científica la desarrollaba paralelamente a su interés de continuar su interrumpido bachillerato y las licenciaturas de Derecho Civil y Canónico y Filosofía y Letras.

A la edad de 22 años era un admirador del mundo de las ciencias, considerando que los solitarios científicos apenas conocidos porque la prensa no publicaba sus descubrimientos y aportes, enaltecen la patria con su trabajo cotidiano, le dan justa fama ante el extranjero y esparcen la luz vivísima que ha de alumbrar el momento en que se vive y a las épocas venideras.

“Véase cuanto hacen esos hombres apenas conocidos: véase cómo prosperan esas sociedades silenciosas, abrigo de espíritus altos... honra es para los que se emplean en este trabajo desusado...”

Para el Apóstol, la ciencia desempeña un papel importante en el bienestar, la felicidad y el progreso de los pueblos, en tanto es el instrumento idóneo con el cual el hombre puede conocer y dominar las leyes que rigen el curso de la naturaleza. Es por ello que el 31 de julio de 1875 en la Revista Universal de México mostraba su desacuerdo por el olvido de la ciencia en los periódicos, calificándola como “Madre Amorosa”.

“...Apenas si alguna vez hallan cabida en las columnas de los periódicos, las solemnes palabras de la ciencia, madre amorosa que descompone, elabora, estudia, crea en pro de tantos hijos que la desconocen, la desdeñan, la olvidan.”

Martí periodista no olvidará la ciencia en sus 20 años de ejercicio del criterio en periódicos y revistas de toda América. En enero de 1884, en la Revista La América, publicada en Nueva York, escribió:

“Poner la ciencia en lengua diaria: he ahí un gran bien que pocos hacen...”

Una y otra vez en esas dos décadas no sólo escribirá sobre temas científicos; también aconsejará a los profesionales de la pluma, como lo hace el 24 de Abril de 1875 en el diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina.

“El periodista ha de saber desde la nube hasta el microbio...”

Martí periodista halló desde joven en la divulgación científica, una necesidad soslayada por la mayoría de los profesionales del diarismo en América. Esa necesidad, desde el punto de vista martiano, no era el simple acopio de conocimientos, era parte de una cultura general integral que rebasaba los límites de la cultura literaria. La clave la ofrece el Apóstol al escribir el 22 de mayo de 1882 en La Opinión Nacional de Caracas.

“...sobresale el discurso del profesor Huxley sobre la ciencia y la cultura en que el profesor discute y fija cuál ha de ser la cultura de estos tiempos, y cuál es su objeto, y si ha de ser principalmente literaria, o principalmente científica. De gran aplicación sería ese discurso en nuestras tierras, cuyos mayores males vienen tal vez de que la masa de hombres inteligentes, llamados a dirigir, reciben una educación, no sólo principalmente, sino exclusivamente literaria.”

Para Martí un hombre culto debía estar dotado de conocimientos artísticos, literarios y científicos al mismo tiempo. Esas razones llevan al Maestro a ser un periodista popularizador de una cultura científica desde las páginas de la Revista La América en 1883 y en 1884 y a través de La Edad de Oro, publicada en 1889, dedicada a los niños.

“Para eso se publica La Edad de Oro: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América... y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la piedra y qué quiere decir cada color... ”

Por supuesto que la actividad divulgadora y popularizadora de la ciencia y la técnica entre niñas y niños, no fue un hecho casual ni único en el quehacer periodístico literario de Martí. Baste recordar que el 15 de enero de 1884, el Maestro fue elegido miembro corresponsal en Nueva York de la Sociedad Amigos del Saber, de Caracas, mientras que el 23 de septiembre de 1888 pasó a ser socio corresponsal de la Academia de Ciencias y Bellas Artes de San Salvador, ambas instituciones reconocidas como avanzadas del progreso científico en América Latina.Su intelecto incansable aborda no sólo la ciencia, sino la metodología misma de la investigación científica señalando las condiciones para avanzar con verdadero rigor científico, sin descuidar el papel limitado pero significativo de la intuición.

“Conocer las causas posibles y usar los medios libres y correctos para investigar las no conocidas... pensar constantemente con elementos de ciencia, nacidos de la observación, en todo lo que cae el dominio de la razón y en su causa... no debemos afirmar lo que podemos probar.

La intuición es un auxilio, muchas veces poderoso, pero no es una vía científica... no se puede ver una cosa sin mirarla. No se puede ver una cosa sin examinarla. El examen es el ojo de la razón.”

El 28 de enero de 1895 José Martí cumplía 42 años de edad. Momento de madurez intelectual y revolucionaria que le permitió encabezar una obra propia de titanes: dirigir la última revolución contra el colonialismo español en América y la primera de carácter antiimperialista en este lado del Atlántico. En este contexto histórico dedicará esfuerzos a las urgentes tareas político militares de la revolución en marcha, no faltarán las misivas a sus seres queridos y lejanos, la constancia a su vocación literaria ni los signos evidentes, precisos e inobjetables de otro interés del Maestro: la temática científica. Así lo demuestra en carta dirigida a María Mantilla, fechada en Cabo Haitiano el 9 de Abril de 1895, escribe:

“Leo pocos versos, porque casi todos son artificiales exagerados, y dicen en lengua forzada falsos sentimientos, o sentimientos sin fuerza ni honradez, mal copiados de los que los sintieron de verdad. Donde yo encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia...”

El último año de su vida sintetiza su dedicación a la obra revolucionaria, pero, también es punto de referencia obligada para comprender sentimientos y convicciones de un Martí periodista, vinculado a la divulgación de la ciencia y la técnica en nuestra América.

Durante todo el siglo XIX, personalidades importantes de Cuba hicieron ciencia a pesar de las trabas de la Metrópoli, siendo José Martí la máxima expresión de todo el pensamiento revolucionario de su época y un hombre de ciencia, no porque exhibiera títulos académicos, sino por su capacidad de desentrañar verdades, de alumbrar caminos y trazar rumbos precisos.

“... Talentos tenemos en Cuba más que Guásimas. Lo que importa es uncir la inteligencia con bravura continua y silenciosa...”

Los cambios sociales iniciados en 1959 marcaron un antes y un después en las ciencias. El 15 de enero de 1960, Fidel Castro Ruz, al hablar ante la Sociedad Espeleológica de Cuba, en su vigésimo aniversario, en el Paraninfo del actual Museo de las Ciencias Carlos J. Finlay, delineó el rumbo estratégico del país en estos términos.

“El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento.”.

José Martí, nuevamente autor intelectual, se proyectaba entonces hacia el futuro definitivo de la patria.

Fuentes utilizadas:

SCHLACHTER, ALEXIS. Cuando Cuba no era un país de ciencias. En Granma. La Habana, 15 enero. 1999: 8.

SCHLACHTER, ALEXIS. Un Martí desconocido. El de la ciencia. La Habana: Editorial Academia, 2000: 2.

MARTI PEREZ, JOSE. Carta a María Mantilla. En Obras Completas. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963: t. 20: 219.

MARTÍ PÉREZ, JOSÉ. Las Leyes de la herencia. En Obras Completas. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963: t. 13: 425.

MARTÍ PÉREZ, JOSÉ. La Opinión Nacional. En Obras Completas. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963: t. 23: 302.

MARTÍ PÉREZ, JOSÉ. La Edad de Oro. En Obras Completas. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963: t. 28: 301.

MARTÍ PÉREZ, JOSÉ. Las Leyes de la herencia. En Obras Completas. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963: t. 13: 425.

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