Orgullo de Cuba

Categoría: Titulares
Escrito por INDIRA FERRER ALONSO
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expositolazaroMuchas historias había escuchado la primera vez que lo vi. Su imagen de hombre recto y amable selló el encuentro de mis pupilas con el protagonista de anécdotas sorprendentes, que por mi gratitud de santiaguera, comenzó a habitar el corazón.

 

Con gusto había puesto los oídos a merced de los relatos que iban de boca en boca, mostrando la severidad del dirigente frente a lo mal hecho, la exigencia y el control, el desvelo por transformar una ciudad toda historia, en la urbe bella y ordenada que merecía ser Santiago por su dignísima condición de cuna y fragua de la Revolución.

 A la vuelta de tantos años, todavía no sé si aquellos “cuentos” son leyendas tejidas por la admiración del pueblo santiaguero, si es verdad que solía llegar de improviso y solo a lugares donde reinaba el desorden y se comportaba como un simple usuario, aprovechando que pocos le conocían, o si es real que una vez se paró a hacer “botella” en una carretera para constatar cuánta indolencia y desorden  había en el uso del transporte estatal, cuando pasaban los carros por “los amarillos” y no paraban…

Lo que sí me consta es que el hombre se enamoró de esta ciudad y de su gente; que siente suya las historias del Moncada y de la Clandestinidad; que le tiembla de pasión la carne por la sangre de Frank derramada en el Callejón del Muro, y por la valía del pueblo que desde los balcones le acarició con pétalos el cuerpo inerte cuando en franco desafío a la dictadura, peregrinó por la urbe con el maestro asesinado como bandera de rebeldía.

Lo que han visto mis ojos es que por ese amor a Santiago, no espera el sol para empezar a trabajar, y son las madrugadas sus compañeras de viaje por centrales, tierras de cultivo y ganadería, zonas costeras, barrios o céntricas arterias. Sé de su curiosidad constante por las iniciativas novedosas que impulsan la producción de bienes y servicios; su empeño en transformar para bien cada local en desuso o mal utilizado. Lo que podré contar siempre es la gentileza y la obsesión por el detalle, la vocación de servicio a los demás.

Sé del jefe que se siente uno más, que fustiga durísimo los errores y ofrece ayuda siempre para rectificar. El que se siente compañero, hombro con hombro en el trabajo, que pregunta por tus hijos y se va a compartir la tristeza, como lo haría un hermano, cuando fallece un ser querido de sus subordinados.

A su lado se aprende, se crece, se ama… a su lado una se apasiona por las cosas que defiende y valora más cada conquista. Pocos imaginan cuánto desvelo cuesta una feria, un nuevo mercado, una plaza recreativa o reordenar el transporte. Cuánta vida se va dejando en la batalla por materializar programas sociales como la construcción de viviendas o económicos, como la zafra y la producción de alimentos. Lo que siempre me ha asombrado es cómo se regenera su voluntad y optimismo… cómo confirma con sus actos que no admite la derrota.

No creo preciso decir su nombre… ¿Para qué? Si todo el mundo lo ha visto haciendo arder a esta ciudad. Nació en Caibarién y es hijo de Villa Clara, de Granma y de Santiago; yo sé que es orgullo de Cuba.

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