Primero los malestares, una extraña sensación en el estómago, y nauseabunda al mismo tiempo, pero nada tan gratificante como saber que alguien muy anhelado llegará a nuestra vida en algún momento. Es en esos instantes cuando se imaginan sus piececitos, la forma de unas manos pequeñas y frágiles, el aroma de su cuerpo, fácilmente arropado en brazos adultos.
Entonces todo cobra sentido, la espera oportuna, la hinchazón de las piernas, el dolor en la espalda, el tejer desenfrenado de la abuela, las rifas de posibles nombres, las sesiones de mal humor de la madre, o la paciencia del padre.
El período de gestación no solo transforma biológicamente a una mujer, sino también el seno de una familia, ya que todo comienza a girar en torno al futuro bebé y la puérpera. Sin embargo, en los últimos días se escuchan datos alarmantes, a los que no escapa la provincia de Santiago de Cuba: fallecimiento de embarazadas por Covid-19.
¿Cuán doloroso y traumático es para cualquier persona ser testigo de esto en sus familiares? Son dos seres humanos quienes pierden la vida, uno cuando todavía su existencia no había comenzado, y el otro cuyos sueños y esperanzas se desvanecen en la flor del aliento, a las puertas de un futuro anhelado.
Como fémina no puedo imaginar ni una u otra circunstancia: que el contagio se haya producido por irresponsabilidad de la gestante, o que algún integrante de su hogar sea la fuente de transmisión del virus. Sin embargo, las cifras de las últimas semanas no son nada alentadoras, y apuntan más a este tipo de comportamiento social e individual.
La media de defunciones por día en el territorio santiaguero asciende a 5, llegando a acumular 35 por semana. Por otra parte, más del 20 % de los casos confirmados al Sars-CoV-2 en casi un mes pertenecen a edades pediátricas (18 años y menos), concentrados en municipios como San Luis, Palma Soriano y Mella.
Números que se traducen en interrogantes clave: ¿Cuánto más expondremos a los más inocentes? ¿Cuál es el límite en el descuido hacia nuestros hijos o recién nacidos? ¿Cómo pueden arriesgarse los más vulnerables que deben ser protegidos? Es hora de que cuidemos a quienes lo necesiten, actuemos pensando menos de forma egoísta o pretenciosa, y más hacia la unidad de todos, porque sobre todas las cosas está la vida.