
La vida cambia con una frase: ¡Vamos a tener un hijo! Inician las fantasías de cómo será, qué nombre ponerle, los preparativos materiales que incluyen a veces hasta transformaciones en el hogar y por supuesto, siempre la preocupación ante cada examen médico de la madre.
Llega la hora del nacimiento, los nervios se apoderan del escenario, sudoración en las manos, los pasillos del hospital materno parecen pequeños y das varias caminatas, tomas un trago de café y agua a ver si te calman; algunos hasta sienten que el aire les falta, que la voz se corta, la ansiedad se multiplica. Al fin nació. Una sola pregunta: ¿Están bien los dos?...
En el primer contacto estás temeroso, indeciso si lo cargas porque dices que tan pequeñito se ve muy frágil. Ya en casa es inevitable, cambias pañal, ayudas a mamá en su manejo, se comparten las madrugadas. Pasa el tiempo y con él se suman responsabilidades.
Estás en los momentos más importantes, inicio de la vida escolar, graduaciones de pase de grado. Cuando empiezan los amores a veces te inmiscuyes y a veces le dices a mamá que se ocupe.
Los hijos van creciendo, te preocupas por las amistades, cuando las salidas se extienden, asistes a las reuniones de padres, tratas de orientar, por tu experiencia, sus gustos para definir su futuro profesional.
No importa que pasen los años, ellos crecen, pero estás ahí, al tanto de todo porque se cumple ese viejo refrán de las abuelas que “hijo chiquito preocupación chiquita e hijo grande preocupación grande”.
Sí, siempre estás y estarás, porque ser padre es sembrar y saber cuidar las raíces para que sean fuertes, es enseñar sobre la vida y transitarla de la mano, con valor y constancia.
Comentarios
Debia existir una ley que comprometa a los padres velar por la salud, la educación y la buena conducta de los hijos Y obligatoriamente debien trabajar para su sustento y comprometerlo por código penal a ser responsable de su formación hasta su mayoria de edad . Muchas madres hemos criado a nuestros hijos solas y hemos tenido que sentir la dicha de un logro pero también sufrir la desdicha de un malogro. En una sociedad so[censored]ta como la nuestra no podemos excluir de responsabilidades a padres que se niegan libremente a reconocerlos y mantenerlos. Eso es tan bárbaro como un crimen.. Confiamos en nuestra Revolución. Muchas Gracias
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