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La tropa de los imprescindibles

Categoría: Titulares
Escrito por Indira Ferrer Alonso / Fotos: Jorge Luis Guibert
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DSC 6644.jpg 2Cuando se habla de los logros de un hospital, generalmente se piensa en la buena dirección que tiene; en la competencia del personal médico y de enfermería; en la responsabilidad de técnicos, tecnólogos y otros profesionales dedicados a la labor asistencial; y -claro está-, en la entrega de los trabajadores que mantienen limpias las áreas, elaboran y distribuyen los alimentos o realizan el traslado de los pacientes dentro de la unidad y facilitan su manipulación.


Por supuesto que todos ellos hacen un conjunto que cuando funciona bien convierte al centro en referente para otros colectivos.
Pero hay una parte de la tropa que casi nunca recibe los agradecimientos o el reconocimiento social que tienen otros empleados; sin embargo, su desempeño es decisivo para mantener los servicios, el confort y la vitalidad de las instalaciones. Su misión es reparar y preservar equipos, mobiliario, construcciones y todo cuanto requiera labores de mantenimiento, ya sea en el campo de la ciencia o de los oficios.
En el hospital municipal Alberto Fernández Montes de Oca, de San Luis, hay un grupo de hombres sencillos, de no muchas palabras, pero con un apego a ese centro que los lleva a realizar las tareas que haga falta, sin importar si se encuentran o no dentro de sus funciones,o si implican trabajar voluntariamente, más allá del horariolaboral.
A Irenaldo le atan fuertes lazos al hospital en que labora.jpg 1Bien lo sabe Irenaldo Milanés Riquenes, de 36 años, ingeniero en Telecomunicaciones y Electrónica, que funge como electromédico. “De forma general los equipos aquí tienenvarios años de explotación y su mantenimiento se hace un poco engorroso. Requieren bastante trabajo e innovaciones. Y muchas personas no saben cuánto sacrificio cuesta lograr que sigan funcionando, pero ahí está el trabajo nuestro y eso nos gratifica.”
Los electromédicosAl referirse ala labor de los electromédicos -que Irenaldo dirige-, el director, Dr. Francisco Pacheco Álvarez enfatizó en que la entrega de esos jóvenes garantiza que no se interrumpa el servicio de Hemodiálisis, a pesar de que los aparatos tienen casi una década en funcionamiento, e incluso durante varios años sirvieron a pacientes de otros municipios.
El ingeniero comentó que es una actividad compleja, que hay que enfrentar dificultades como la carencia de piezas de repuesto.
“Sabemos la difícil situación económica que está atravesando nuestro país y el equipamiento de Hemodiálisis es muy costoso. Por eso el trabajo con los dispositivos de ese servicio es una gran responsabilidad; imagínese que un paciente está unas cuatro horas en la máquina, y una rotura implica hacer esperar a otros que necesitan ese tratamiento para vivir.
“Por eso tenemos que reparar las veces que haga falta; cuando se atendían aquí los pacientes de Songo-La Maya teníamos que venir a trabajar a cualquier hora, incluso de madrugada... Pero se trata de la vida de los pacientes, hay que hacerlo y bien”, concluyó.
El padre de este joven era paciente de Hemodiálisis y recibió allí una atención esmerada hasta el último momento de su vida. Por eso, además del compromiso profesional, le atan al hospital lazos de eterna gratitud.
Para Franklin el electricistaFranklin es el electricista. Para hablar de él los compañeros de trabajo repiten palabras como “minucioso, cuidadoso, responsable”. De hecho, llama la atención de los demás porque tiene una especie de ritual, que ilustra la voluntad de velar por el más mínimo detalle.
“Desde bien temprano anda con una brocha limpiando todos los bombillos del hospital; los revisa, cambia el que se funde, repara aquí y allá; es difícil verlo parado; siempre tiene algo que hacer”, así lo describió el director.
“Mi función genera el esfuerzo necesario; pero es gratificante porque mantenemos el centro confortable por el alumbrado, la climatización y los equipos eléctricos funcionando.”
Parte del moviliario no clínico es reparado voluntariamente por LuisitoY cuando uno cree que ha visto toda la pasión de un empleado por su labor, llega la historia de Luisito, un agente de seguridad y protección que desborda el asombro y arranca reverencias a cualquier corazón.
Como custodio labora 12 horas en un turno de la mañana a la noche y al día siguiente de la noche a la mañana. Luego tiene derecho a dos días de descanso. Pero eso es para otros...
“Cuando salgo del turno de trabajo (a las 7:00 a.m), voy a mi casa y vengo a mediodía o si no, vengo al día siguiente que también me corresponde descansar, y hago lo mío.”
Lo suyo, como él dice, es reparar mobiliario no clínico, y lo hace con notable calidad.
“En ocho horas hago tres butacones grandes o cuatro si son pequeños...”
Luis Hechavarría no recibe ninguna recompensa económica ni material por ese trabajo. ¿La razón para haber arreglado más de 86 sillones?
“Es mi deber como cubano, como revolucionario y como padre de familia, aportar a la sociedad. Este es un centro al que venimos todos y necesitamos que tenga un mayor confort y para eso hay que trabajar.”
El tiempo traicionó a este equipo de prensa que no tuvo ocasión de entrevistar a otros miembros del grupo de Mantenimiento del hospital. Nos queda la deuda con Falcón, el administrador, que ha sabido organizar y dirigir a esta tropa; con Abel, el albañil, y con Taboada, otro agente de seguridad y protección, que fueron vitales en la reparación del Banco de sangre, realizada por los obreros del hospital. Nuestra admiración para Fidel, el plomero, cuya innovación a las llaves de agua permitió el funcionamiento de los lavamanos y el ahorro de agua y de electricidad en el bombeo. Y no pueden faltar los muchachos de Electromedicina, que repararon y pintaron todas las camas de maternidad, las camas de Medicina Interna y recuperan el mobiliario del Cuerpo de guardia; reparan las autoclaves, los esfigmomanómetros, los monitores, etc.
El secreto de esa entrega es una simple verdad, como dijera Franklin: “Este hospital es de todos, aquí se atiende a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nosotros mismos, y tenemos que cuidarlo. Y pensar que este lugar es nuestro nos impulsa, nos da fuerza para hacer lo que sea por mantenerlo.”
Cómo olvidar, entonces,las palabras que sobre todos ellos pronunció el doctor Pacheco: “Los admiro porque ellos son los que mantienen la vitalidad de este hospital. Son compañeros muy sacrificados y generalmente no se habla de ellos, pero realmente son imprescindibles.”

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