Un día para mamá

Categoría: Titulares
Escrito por INDIRA FERRER ALONSO
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mamaNadie vuelve a ser igual después de ser mamá. No solo porque aumentan las responsabilidades, y una aprende a hacer un montón de cosas a la vez, y te acostumbras a ir al baño y dejar la puerta abierta, a asomar mil veces la cabeza para ver a qué juegan; o a desconfiar del silencio cuando traman alguna travesura. No, eso es parte del encargo de dar vida y criar a los seres más importantes del mundo. Nadie vuelve a ser igual porque ser madre nos hace más fuertes, nos vuelve leonas para defender a los hijos, y nos llena de temor no poder protegerlos siempre.

Recuerdo cuando creí enloquecer siendo primeriza, madre de gemelas, y le conté a una pediatra que llevaba 12 noches en vela, pues si una dormía la otra gritaba. Ella fue tajante: “acostúmbrate, hace 22 años que parí, y hace 22 años que no duermo”. Entonces me pareció una respuesta cruel, pero sí, dormimos mal por estar atentas a nuestro bebé, o al niño que tiene tos y no podemos pegar los ojos mientras nuestro adolescente no llega de la fiesta.

Y solo las madres sabemos que es imposible renunciar a esa dulcísima “esclavitud”, que nos obliga a vivir para ellos sin importar el tamaño de los sacrificios. Es el trabajo que más cansa y la bendición más poderosa: ningún remedio fortalece tanto como el  abrazo de los hijos.

Por eso hay un día especial para reverenciar a las que no tenemos feriados ni vacaciones; a las que no nos permitimos una pausa en el oficio de ser mamá 24 horas, siete días por semana.

En Cuba es el segundo domingo de mayo; y los homenajes van desde el abrazo y los regalos en reunión familiar, hasta las flores en el cementerio, y en casa, a la memoria del ser irrepetible que nos dio la vida. También en esa fecha es Día de las madres en Colombia, Ecuador, Honduras, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela.

Y las jornadas cambian según las latitudes, en casi todos los países existe la tradición de agasajar a las madres. Hay lugares en que se asocia a celebraciones religiosas o a grandes sucesos históricos. Por ejemplo, en Panamá se celebra el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, y en Bolivia el 27 de mayo, como tributo a las heroicas mujeres de Cochabamba, que en 1812 se enfrentaron a las tropas españolas en la batalla de Coronilla de San Sebastián.

En otras naciones como México, Guatemala y El Salvador, el 10 de mayo marca el festejo. En la tierra de los aztecas, por ejemplo, es costumbre despertar a las homenajeadas con “Las Mañanitas”, algunos incluso contratan tríos o mariachis para una pequeña serenata al amanecer.

En República Dominicana se regala un clavel rojo a la madre viva; y se colocan azucenas ante el sepulcro de las que ya no están. Pero lo más llamativo es que en las grandes reuniones familiares, además de los obsequios, se canta un himno escrito hace casi 100 años por Trina Moya, una madre que fue tres veces primera dama de ese país.

En Bolivia se celebra con desfiles y homenajes a las heroínas de Coronilla; y en España no es costumbre hacer grandes fiestas, sino, simplemente, felicitar y regalar algo a mamá.

No importan los idiomas, las diferencias culturales o las distancias geográficas, el amor y la dedicación de las madres son tesoros universales.

El día es apenas un pretexto para salir de casa, para viajar hasta ella, para festejar o para  honrar su memoria; lo que vale en realidad es enorgullecerla, para apoyarla a toda costa, cuidarla e incluso consentir sus caprichos, como lo hizo ella desde que supo que existíamos.

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