El venidero 8 de mayo se cumplirán 125 años del natalicio en 1894, en el populoso barrio de Los Hoyos de Santiago de Cuba, de una genialidad en la composición musical popular cubana: Miguel Matamoros.
Si Ud. escucha con detenimiento, y en un buen equipo de audio, el tema Son de la Loma o El que siembra su maíz –solo por citar alguno-- estoy seguro de que coincidirá conmigo en el calificativo. Porque en verdad, Miguel, Siro y Cueto se adelantaron a su época. Y casi todos los que en Cuba o el extranjero incursionan en el pentagrama referido a este archipiélago caribeño, de alguna manera incluyen al genio Matamoros.
Es historia conocida que Miguel, guitarrista y autor notabilísimo, era autodidacta. Pero desbordaba ese talento personal que lo encumbró hasta lo más alto y que le permitió incursionar en el afro son, blue son, el son en su máxima expresión, bolero, conga, bolero-son, criolla, danzón, guaracha, rumba, danzonete, guaracha-son, pasodoble, vals-canción, samba, habaneras, polcas... hasta sumar casi 200 números, entonces ¿qué más?
Si genial fue Miguel así también se consideró al Trío, pues muchas de sus canciones aún hoy son clásicos. Y ¿de dónde le surgían a Matamoros las ideas para hacer tantos, y tan disímiles temas?
Sin dudas, de su arraigo popular. No solo porque nació en el corazón de Los Hoyos –en la calle San Germán— con lo que eso representa para cualquier artista popular sino que lo nutrieron evidentemente, sus múltiples oficios: alfarero, carpintero, chofer, monaguillo, fabricante de losas... Además: ser un aprendiz adelantado de la guitarra; recibir la ayuda de quienes le enseñaron las primeras notas; las serenatas y las fiestas del barrio.
De Miguel, quien dominaba también la filarmónica y la corneta china, son estos apuntes biográficos: A los 16 años compuso su primera canción: “El consejo”, un bolero; dicen que nunca hizo un guaguancó; aprendió de luminarias: Pepe Sánchez, Sindo Garay, Villalón; la primera presentación oficial ante el público fue en 1912 en el entonces teatro Heredia; para mejorar se va a La Habana en 1922; en 1924 funda el Trío Oriental con Bisbé y Del Río; ese mismo año viaja el grupo a la Capital pero Del Río es sustituido por Rafael Cueto; el mismo día en que Miguel cumple 31 años funda el Trío Matamoros: Rafael Cueto, guitarra; Siro Rodríguez, maracas y voz segunda, y Matamoros, voz prima y guitarra prima. Corría 1925.
Matamoros era un cantante excelente. Esas voces tan bien armonizadas, más la guitarra prima de Miguel y su “personalísimo y sugestivo” rallado; el “tumba’o” que Cueto lograba con los bajos de su instrumento, y las maracas de Siro dieron lugar al excepcional, al inigualable Trío Matamoros.
Cuba entera se inclina ante ellos, igual que los públicos de México, Estados Unidos, Venezuela, Puerto Rico, República Dominicana, Colombia, Panamá, Curazao... Cantaron, grabaron, viajaron, y disfrutaron de su fama tanto como quisieron.
En 1960 realizan un último viaje a los Estados Unidos y al regresar Miguel se retira de la vida artística y el trío deja de existir.
Si la memoria no me traiciona, hubo una presentación de despedida, en la aún casi novedosa TV; luego, en una ocasión y de manera informal, cantan en un Festival de la Trova Pepe Sánchez. Miguel ya está muy enfermo y ciego. Vive en una de las casas próximas a la escalinata del Callejón Santiago, que da a la calle Santa Rita, en el musical barrio Tivolí.
Hasta ese sitio van un día Los Compadres: Lorenzo y Reynaldo (Rey Caney) Hierrezuelo a visitar al genial músico. El olfato periodístico me llevó hasta allí. Intercambian anécdotas; suenan otra vez las guitarras. Alguien hizo una foto que me imagino debe conservar; una copia estuvo –o quizás esté-- en el archivo del periódico “Sierra Maestra”: Miguel en su balance, con espejuelos oscuros, y Los Compadres de pie a ambos lados e inclinados sobre el genio. El 15 de abril, hace 48 años, se despidió Matamoros de este mundo y de su gente, a los que él tanto les cantó y alegró con su obra musical imperecedera. Desde hacía mucho tiempo era un ícono.
Y a propósito de este aniversario 125 del natalicio del creador de “Juramento” debieran de acabar de superarse obstáculos para que Santiago de Cuba retome la celebración del Festival MatamoroSon, un encuentro nacional que reunía aquí agrupaciones puntuales del género, encabezadas por el maestro Adalberto Álvarez y su orquesta.
Precisamente, Adalberto ha sido certero al decir por los medios, que si el son identifica a Cuba y en el país tiene lugar un Festival para enaltecerlo, ningún sitio mejor para hacerlo que Santiago de Cuba, cuna del género y de Matamoros. ¿Entonces?