Los paisajes culturales, urbanísticos, y arquitectónicos de Santiago de Cuba resguardan valores patrimoniales de reconocimiento global. No es por gusto que cuando se habla de la denotada mezcla cultural existente en la región caribeña, es casi imposible dejar de mencionarla, imponente, con abundante vegetación, presta a validar el concepto de “ajiaco cubano” que ofreciera tan sutilmente, el periodista y antropólogo Fernando Ortiz.
De forma apasionada lo expresó el arquitecto Omar López Rodríguez, historiador de la ciudad de Santiago de Cuba, durante su intervención en la Primera Convención Internacional Ciencia y Conciencia, que sesiona en la Universidad de Oriente. Él considera la historia como elemento fundamental en la preservación de aquellas riquezas que merecen ser mantenidas por su significado y belleza.
“La ciudad posee una topografía peculiar, que nunca llega a ser horizontal, llena de espacios verdes, y con una jerarquía citadina que incita a la interacción”, dijo.
“A su vez, resaltan las construcciones que no son pura decoración pues, tienen un valor funcional enorme ya que esta es en una zona con alto riesgo sísmico; por eso la arquitectura que abunda es la de madera, en especial en el casco histórico. Desde hace ocho años la Oficina del Historiador de la Ciudad ha tratado de rescatar al máximo las edificaciones, tradiciones, y costumbres características de la urbe, incluyendo la música, y las diversas manifestaciones artísticas”, concluyó.
El ser humano es el mayor portador cultural que existe; sin él no puede haber trascendencia ni memoria histórica. Este es el primer elemento que se debe tener en cuenta durante cada proceso de restructuración. El lenguaje, comportamiento, evaluación, intercambio...son algunas de las prácticas que elevan la calidad de las transformaciones sociales y su aceptación.