Educar es un arte de especial amor

Categoría: Titulares
Escrito por LILIET MORENO SALAS/Foto: Daniel Houdayer
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maestraNo hay profesión más noble que el arte de enseñar, de educar; más si se trata de la enseñanza especial;  maestros que dedican toda la vida a brindar no solo las herramientas necesarias para insertar a niños, niñas y jóvenes a la esfera social;  ellos destacan por convertir cada instante en alegría.

Difícilmente exista descripción más perfecta que las palabras del más Universal de los cubanos, nuestro José Martí, cuando escribió: 'Tienen el hábito de la benevolencia, aman a los que enseñan, se complacen hablando de ellos… más que la enseñanza debe de profesarse el amor'.

Para Sabina Díaz Fong, maestra de la escuela especial William Soler, (centro de atención a niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA)) el trabajo desarrollado durante tantos años la ha motivado a la superación, a ser cada día una educadora más útil, quien ha dado y ha recibido mucho cariño .

 “Sin duda es una profesión que demanda mucho tiempo y comprensión;  las familias de mis alumnos son también mi familia, y para muchos soy una madre más, una abuela más”, dice con cariño.

Sonríe con una ternura indescriptible, cuando esta redactora se interesa por conocer detalles de las experiencias adquiridas durante tantos años de trabajo con niñas y niñas con TEA. Sabina destaca la palabra afecto, paciencia…

“Con amor se logra mucho. En esta labor la comprensión a la familia es fundamental, la perseverancia, el cariño, y por supuesto el estudio constante por parte del docente es fundamental, pues cada niño es diferente”.

Comenta que trabajaba en una escuela de discapacidad intelectual cuando abrió las puertas un aula para la atención a niños autistas, y es escogida para tan sensible enseñanza, a la que se ha dedicado desde principios de la década del 90; posiblemente es una de las educadoras con más experiencia en esta especialidad en la provincia santiaguera y en Cuba.

Sabina prefiere no referirse a un caso en particular, pues comenta que cada infante que llega al centro, cada pequeño o pequeña que tiene el placer de educar  se vuelve parte de su familia.

 “Todos son mis amores, y en estos años he recibido golpes, amor, besos espontáneos, los he enseñado a leer, los he visto crecer, han aprendido a hacer labores del hogar como barrer, fregar…y la satisfacción más grande que tengo es el reconocimiento de la familia, el respeto y el cariño que recibo de ellos”, afirma.

En sus palabras hay mucha sensibilidad, y aunque un tanto modesta, su rostro refleja sabiduría, amor por la profesión, y sobre todo, sin duda, un caudal de conocimientos sobre la educación especial, principalmente con lo relacionado al autismo.

“Hay que amar la profesión de ser educadores, a los niños diferentes, y sobre todo tener mucha paciencia y preparación”.

A la experimentada maestra solo le restan tres años para alcanzar la edad de jubilación, pero como ella misma refiere, continúa superándose y leyendo toda la bibliografía posible, libros que ha leído dos y tres veces, y continúa consultándolos cuando es necesario.

“Todos son difíciles al inicio, pero hay que poco a poco descubrir las potencialidades que tiene el niño y trabajar en correspondencia tanto con el infante como con la familia”, expresó.

En la actualidad Santiago de Cuba cuenta con 47 escuelas especiales, de las cuales 27 están ubicadas en el municipio cabecera.

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