Sucedió hace 30 años: La Vuelta a Cuba… ¡a pie!

Categoría: Titulares
Escrito por Jorge García Orce/Foto: Olides Sánchez
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Uno de los caminantes tenía deficiencias visuales y otro, auditiva. La preparación física adquirida acortó la duración del bojeo. El mayor de los protagonistas tenía 58 años. Lágrimas y silencio por un amigo. Caminando por la historia. Una deuda y un juramento. ¡Cuba, qué linda…!

31dic08 052El alboroto nervioso de la patrulla de guajiros, algunos con escopetas, desgarró la siesta de aquella gente extraña en la zona, sospechosos de intentar una salida ilegal del país o de quién sabe qué, con esa figura, esos mapas y mochilas, los carnés deben ser falsos ¡arriba, andando! Y lo conducen por un sol polvoriento, bien vigilados porque pueden ser peligrosos, hasta El Descanso, un caserío recostado a las montañas que cosen por el sur a las provincias de Guantánamo y Santiago de Cuba. Arrinconados en el portal de la tienda, mordidos por la curiosidad de un sitio donde nunca pasaba nada, debieron esperar el siguiente amanecer, lunes 11 de abril de 1989, mientras se bajaba al llano a dar parte de la captura de tales elementos y se comprobara su coartada, el cuento ese que no se cree nadie de que venían a pie desde Pinar del Río.

No era un cuento. Residente en el municipio de Segundo Frente, estaban al realizar un sueño nacido en las selvas angolanas en la década de 1970, cuando Olides Sánchez, jefe del grupo, cumplía misión internacionalista. Habían salido el 5 de enero de la Posta 3 del antiguo Cuartel Moncada hacia el oeste, para voltear a Cuba por las vías transitables más cercanas a la costa, caminando treinta kilómetros diarios, el equivalente a cuatro meses de marcha para dar la vuelta completa a la Isla grande, en ida por la costa sur hasta el cabo de San Antonio, y el regreso por el litoral norte hasta la punta de Maisí ¡uf!

Además de Olides, gestor y cabeza de la expedición, residente hoy en Güira de Melena, Artemisa; completaban el grupo Nelson Castellano y Abelardo Aranda (el negro), ambos con experiencia en largas caminatas; Arnol Batista de 58 años, mensajero durante la guerra en el II Frente Oriental, con notorias pérdidas auditivas, ya fallecido; Juan Vargas, que desistió de seguir mitad enfermo, mitad desmotivado; y este periodista, novicio de 24 años, entonces ciego de noche (y hoy a toda hora) a quien en la primera jornada, de Santiago de Cuba a Cañizo, literalmente desactivó, porque le dolían hasta las pestañas ¡y había que ir y volver! Sin embargo la fuerte actividad física, el aire puro del mar y las relaciones de hermandad pronto curtieron los cuerpos y las mentes, y la marcha se trocó en disfrute.

- ¡He! ¿A dónde van?- preguntó alguien al verlos pasar con la bandera roja de la sociedad de educación patriótico militar e Internacionalista.

¡A Pinar del Río!

¿A pie?... es verdad que hay gustos que merecen palos.

No hay tierra como la mía

La Vuelta a Cuba se sostuvo con los recursos financieros de sus protagonistas, uno de los cuales, distinto cada día, se adelantaba en algún medio motor a instalar el campamento en el sitio idóneo previamente acordado; cocinaba y marcaba el lugar con la bandera roja. En las tiendas rurales y otros puntos de la ruta se conseguían muchas, buenas y baratas provisiones. No había Periodo Especial.

El camino ofrecía abundantes, inolvidables emociones: donde exactamente encalló el Granma en Las Coloradas, el pintoresco pueblecito de Cabo Cruz, el Golfo de Guacanayabo, lágrimas y silencio por un amigo en Camagüey, los fortines españoles en la trocha de Júcaro a Morón, El Valle de los Ingenios, Trinidad y el museo de La Lucha Contra Bandidos; detención por Guardafronteras en Cienfuegos, Playa Girón y el museo de La Victoria, la noche en las arenas bajo una sábana de estrellas y un cangrejo de almohada.

Aguardaba las esponjas de Batabanó, cena con jutías a orillas del Cuyaguateje, y al fin… ¡El Cabo! Precedido por un terraplén de 62 kilómetros a lo largo de la península de Guanahacabibes, caminado de un tirón durante casi 20 horas. Al final está la playa Las Tumbas, donde se unen las aguas del Atlántico con el Mar Caribe.

El regreso por la costa norte fue más rápido y no menos vívido: Arroyo de Mantua y el final de la invasión de Maceo, el Valle de Viñales, Artemisa y los mártires del Moncada, La Habana y el encuentro discreto con guerrilleros Salvadoreños, Varadero Las Cuevas de Bella Mar, Caibarién, Nuevitas y la Bahía de Nipe; la costa Guantanamera, verde, muy verde; Baracoa, Polymitas vivas, chocolate y cucuruchos; Maisí, El Faro. Y nuevamente al sur árido y pedregoso. Cajobabo, una playita. “Dicha grande”.

Cuba, ¡que linda!...

La Vuelta a Cuba a pie, quizás única e inédita en la historia nacional, puede despertar múltiples interrogantes. Algunas de ellas son respondidas por el narrador de esta aventura en una, digámosle, autoentrevista.

¿Cómo usted, ciego nocturno entonces, pudo andar a la par del grupo?

Del hombro de mis compañeros, especialmente de Olides, anduve por mí país a pesar de la falta de luz solar.

No ha contado el episodio de las lágrimas y el silencio por un amigo

En el sur de Camagüey un hombre que fue guía de la columna del Che durante la invasión nos regaló un perro, ya grande, que iba de lo más contento muy encariñado con El Negro, un muchacho macizo, noble. A la semana una vaca pateo a Flopi y debimos abandonarlo; con los ojos inundados, El Negro lo acarició por última vez, le dejó un pedazo de queso y nos fuimos, todos callados.

¿Recibieron ayuda por el camino?

Hace treinta años el cubano era un pueblo muy solidario y eso sigue siendo así. De las gentes recibimos comida, agua, ropa, hospedaje en sus propias casas, mucho aliento; gente que no conocías y que nunca más verías. En todo el país, en todo, particularmente, debo decirlo, en Pinar del Río.

¿Qué día concluyó la caminata?

Los guajiros guantanameros se disculparon y nos liberaron al día siguiente de la detención. Enseguida cruzamos las montañas y llegamos a Baconao; por la tarde ya estábamos en Santiago de Cuba otra vez. Era el 11 de abril de 1989. 94 años antes Martí desembarcó por Playita.

¿Y qué deuda y juramento quedaron pendientes?

Caminar la Isla de la Juventud y el territorio cubano de la Base Naval de Guantánamo, cuando sea devuelto a su legítimo dueño. A la Isla no iré, pero a lo otro seguro que sí.

Treinta años después ¿cuáles son las memorias esenciales de aquel suceso?

La Vuelta a Cuba a pie fue un episodio patriótico, cultural y recreativo. Aunque nuestro país ha cambiado bastante, los jóvenes pudieran lanzarse a aventuras similares, como turismo, para conocer y disfrutar de su tierra. Creo que resultaría placentero porque Cuba, con su gente, su cultura e historia, y su naturaleza ¡Qué linda es Cuba! Y quien la camina la quiere más.

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