Tal y como empezó hace una semana: bien arriba, así finalizó anoche la edición 55 del Festival Internacional de la Trova Pepe Sánchez que estuvo consagrado a la memoria del musicógrafo Lino Betancourt, el maestro Félix Valera Miranda y el compositor y cantante Pedro Gómez.
El Parque Céspedes, sitio esplendoroso del corazón urbano de Santiago de Cuba, acogió al público entusiasta y autoridades de la Cultura en el territorio, que como en la apertura fue escenario de la gala de cierre del “Pepe Sánchez” bajo el título “Lo que dice mi trovar”, recreación del libro de Lino Betancourt “Lo que dice mi cantar”.
Dirigido por Eliades Quesada y con la conducción de Daniela Anaya y Dayron Chang Arranz, el desfile artístico consolidó el criterio generalizado de que ha sido, nuevamente, un magnífico Festival del que la trova cubana ha salido muy fortalecida.
El mítico quinteto (primero fue un cuarteto) Oriente abrió la noche con “Cosas de mi Cuba”, de Ángel Almenares, y “Última Serenata”, de Salvador Adams, y entre poemas y anécdotas trovadorescas, siguió el desfile:
Carlos Dragoni, de Las Tunas; la excelencia en el canto: Giselle Lage con el respaldo de la guitarra del maestro Gabino Jardines, quien interpretó “Es falso” y “Santa Cecilia”; de entre lo más tradicional de la noche: el dúo Voces del Caney cantó “Porque me siento triste” y luego que Vionaika, del centro del país, deleitara a todos acompañada por Gabino, correspondió la clausura al Septeto Naborí.
Fue la ocasión en que el trovador Eduardo Sosa, presidente del Festival de la Trova Pepe Sánchez, y Rosa María Prades Bell, directora de la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos, entregaron flores y diploma a Alejandro Santiago Morcate Escobedo, director del “Naborí”, agrupación santiaguera que está cumpliendo su primer cuarto de siglo y presentó aquí su producción discográfica más reciente: “Santiago en el alma”.
Y para redondear la velada, se incorporó al Septeto Naborí, el nipón Makoto Sasaki con claves y voz, precedidos por el grupo de danza All Star que bailó Convergencia y dio paso a un dúo de bailarinas del Japón, que mostraron hasta dónde puede llegar la música tradicional cubana.
Fue un cierre de lujo, con las estatuas vivientes de Titi incluidas, la transmisión en directo para Internet de Lía Videos, y la memoria omnipresente de Lino Betancourt, en medio de un Festival también de lujo.