Hay quienes afirman que los médicos aprenden a convivir con la muerte, como si el fallecimiento de un paciente fuera algo con lo que todos pueden lidiar fácilmente; pero… Éxitos “a pulmón” / Un corazón enfermo no sabe de bloqueos
“En realidad uno nunca se acostumbra porque cada paciente es un ser humano que tiene su vida, sus proyectos, su familia… y al atenderlos asumimos un compromiso que va más allá de lo profesional; siempre queremos resolver su situación de salud de la mejor manera posible”, dijo el doctor Alexander Verdecia Mustelier, especialista en Medicina Intensiva y Emergencias.
Este joven galeno, se desempeña como coordinador de Trasplantes en el Hospital Clínico Quirúrgico Dr. Juan B. Zayas Alfonso, la mayor institución de Salud de la región oriental de Cuba. En esa actividad ha conocido a decenas de personas que esperan por un trasplante renal, y que mientras llega esta posibilidad de salvación, subsisten gracias al tratamiento de hemodiálisis.
“Son personas que tienen un estado delicado porque la insuficiencia renal es una enfermedad crónica que causa un gran deterioro de la salud, y la muerte. La única cura de esta afección es injertar un nuevo riñón al organismo del enfermo, de modo que se recupere la función renal. Por eso nuestra prioridad es lograr cada vez más trasplantes de riñón, a pesar de que hacer ese tipo de cirugía depende de factores, que no siempre están en manos del equipo de Trasplante”, explicó.
A juicio del especialista, el sistema de Salud enfrenta grandes dificultades para sostener esta práctica terapéutica, debido a las restricciones comerciales que impone a esta nación el bloqueo económico norteamericano.
“La mayoría de los equipos médicos de mejor calidad que se utilizan en el mundo para realizar trasplantes renales, tienen algún componente norteamericano, y no siempre podemos utilizarlos en los servicios cubanos; eso obstaculiza su adquisición, y a veces se hace muy difícil la reposición de equipos que tienen varios años de explotación.”
La realización de los injertos requiere recursos muy costosos, que a veces escasean o que a Cuba les resultan más caros.
“El trasplante renal es una cirugía vascular que requiere un equipo quirúrgico especial, material gastable y un grupo importante de medicamentos que son importados.
“Cuba realiza varias compras al año; pero muchos de estos insumos se adquieren por terceros países y salen más caros que si se compraran a empresas farmacéuticas norteamericanas. Además, a veces sucede que Cuba le compra medicinas y material gastable a proveedores internacionales, pero tiempo después esas empresas son compradas por entidades norteamericanas o tienen contratos con estas, y lo primero que se les exige es dejar de vender esos recursos a nuestro país; entonces hay que buscar nuevos proveedores, más distantes y esto genera un gasto superior, y no siempre los insumos tienen la misma calidad que antes. Todo esto propicia que, a veces, escaseen los materiales necesarios para realizar estudios de compatibilidad y trasplantes, así como algunos medicamentos”, comentó.
El trasplante renal y los fármacos imprescindibles para evitar el rechazo del organismo al injerto cuesta unos 39 000 euros al Estado cubano. A pesar de enfrentar un cerco cuyo impacto en la economía cubana es global, esta práctica médica benefició en Santiago de Cuba a unas 20 personas en 2018, y se prevé un aumento de cirugías para 2019.
No hay mejores palabras para definir el carácter de la política norteamericana, que las que expresó el doctor: “El bloqueo existe, y aunque hemos aprendido a paliarlo, sus consecuencias son nefastas: un paciente que no podamos operar es una batalla que perdemos. Si matar es un crimen, impedir que las personas enfermas se curen, qué es.”