Santiago de Cuba, / ISSN 1681-9969

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El amor sabe a tu boca

BesoEn esta inacabada búsqueda de los significados del amor, que nos torna filósofos o alquimistas por estos días, no es difícil descubrir que existe una acción que de alguna manera lo materializa, o al menos muchos la utilizan como medidor y manifestación del sentimiento.

No se trata de las flores o los poemas, de las canciones románticas o de una cita a la luz de las velas… hablo de los besos, acaso luego de un primer encuentro amoroso no ha reflexionado: “cuando la besé supe que estaba enamorado” y esto aplica tanto para hombres como para mujeres.

Tal resultado no es fruto de la imaginación o de las mediaciones que inevitablemente hace la experiencia en cada evaluación de  los hechos, se trata de química y no precisamente de… “Entre ella y yo hay química” sino de una basada en la materia.

Si aún no da crédito a estas líneas, sepa usted que en el artículo ¿Para qué sirven los besos? ¿Por qué nos gustan tanto?, publicado en el sitio web psicologiaymente.com, puede leerse que los besos tienen “una vertiente inconsciente que va más allá de la carga simbólica asociada a esta costumbre. Se ha observado que los besos producen un incremento en la segregación de oxitocina y endorfinas, sustancias asociadas a la creación de vínculos afectivos y la eliminación de tensiones.

“Además, los neurotransmisores serotonina y dopamina, que están asociados al enamoramiento y la adicción, también se disparan durante el beso, a lo cual, si le añadimos el cóctel de hormonas anterior, puede contribuir a lo que se conoce como amor romántico. La persona con la que se ha compartido el beso se vuelve, de repente, algo más importante”.

Esto pudiera parecer bastante, pero no lo es, aún queda mucho más que decir, la cuestión es que se explica muy bien el efecto de los neurotransmisores asociados a la adicción, porque seguramente usted ya experimentó que cuando está enamorado siente una inclinación especial por besar la boca de su pareja, tanto así que se vuelve irresistible cuando está al alcance.

Al respecto el artículo citado expresa que los besos están ahí porque nos gustan, porque nos brindan placer y explica que “este placer está basado en la gran cantidad de células sensoriales que se encuentran en la lengua y los labios, y por eso son extremadamente sensibles a los estímulos potencialmente placenteros.

“Así, unos pocos segundos de besos generan un importante torrente de información que va directo al cerebro, por lo cual gran parte de los procesos mentales empiezan a girar en torno a esa experiencia. Es entonces cuando comienzan a segregarse de forma masiva las sustancias que hemos nombrado y los neurotransmisores relacionados con el placer y el enamoramiento cobran protagonismo. De ahí que un buen beso pueda hacer que se pierda la noción del tiempo y que todo el cuerpo esté prestándole mucha atención a lo que ocurre en esta interacción”.

Pues de eso se trata, estoy seguro de que usted mientras leía reconoció algunas de esas sensaciones, como la pérdida de la noción del tiempo o de que flota cuando está sumergido en la boca de su pareja; es decir, fuera el estrés, se anula el problema de ayer, el que lo espera mañana e incluso valdría la pena correr el riesgo del problemón cuando llegue a casa, si pudo saborear el amor en su boca.

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