Cien años cumpliría hoy 28 de julio, Melba Hernández Rodríguez del Rey, una de las dos mujeres –la otra fue Haydée Santamaría- integrantes de la Generación del Centenario de José Martí, que con Fidel Castro Ruz al frente asaltó en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, el cuartel Moncada, fortaleza militar de la dictadura de Fulgencio Batista Zaldívar.
Melba, Heroína de la República de Cuba, nació en 1921 en Cruces, uno de los más de 30 municipios de la antigua provincia de Las Villas, hoy perteneciente a la provincia de Cienfuegos, y falleció en La Habana, el 9 de marzo de 2014, a cuatro meses de cumplir 93 años.
Y como modestísimo homenaje al centenario del natalicio de la destacada combatiente revolucionaria, miembro del Movimiento Revolucionario 26 de Julio y del Ejército Rebelde; fundadora del Partido Comunista de Cuba, integrante del Comité Central del PCC y Doctora Honoris Causa del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, esta edición digital del periódico Sierra Maestra reproduce la publicación que hizo de un diálogo con Melba, acontecido en 2008 en su hogar, en la Capital, cuando la Heroína estaba próxima a cumplir 87 años y la efeméride del 26 de Julio su aniversario 55.
El trinar de los pájaros, insistente y sonoro, le da un toque especial al ambiente, casi al mediodía habanero. En la sala, espaciosa y modestamente amueblada, lo primero en que repara la mirada es en un retrato de Celia Sánchez, precedido por flores bellísimas. En un extremo del recinto, la réplica a pequeña escala del Yate Granma, dentro de una urna.
Afuera, el verdor del jardín bien cuidado completa el escenario. Y en la entrada, cerca de la puerta y discretamente colocada, una placa más bien pequeña y con el lema Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, permite leer: “Aquí vive un asaltante del Moncada”.
Cuando Melba Hernández Rodríguez del Rey apareció en el umbral del pasillo que comunica la sala con el resto del interior de la casa, comprendí lo que se percibe cuando uno abraza y saluda a la historia.
Melba, joven abogada nacida en Cruces, en la actual provincia de Cienfuegos, más pronto que tarde es parte del hervidero revolucionario en que están sumidas las calles de La Habana, a principios de la década del 50, y el 26 de julio de 1953 ella y Haydée Santamaría son las únicas mujeres de la Juventud del Centenario que con Fidel en la vanguardia, atacó el cuartel Moncada, segunda fortaleza militar de Cuba.
Si aquella acción conmovió los cimientos de la tiranía de Fulgencio Batista, la valentía y entrega de los asaltantes, en especial de las dos muchachas, también impresionó al pueblo santiaguero, que de muchas formas ayudó a los revolucionarios.
Casi 55 años después, a punto de cumplir 87 años, Melba está frente a mí, con un “túnico” blanco y fresco, admirablemente dispuesta, coloquial, familiar.
M- ¿Usted es santiaguero?
P- Santiaguero nacido en El Tivolí.
M- Un santiaguero puro. ¿Y cómo anda Santiago?
P- Se está construyendo mucho. Se está poniendo de lo más linda
Santiago de Cuba.
M- ¿Está contento el pueblo?
P- La gente está trabajando y contenta porque dice que nos vamos
a ganar la sede del 26 por la historia y por todo lo que se está
construyendo.
M- ¿Y dónde es el 26 este año?
P- Vamos a ver... no sé. Ojalá que se lo gane Santiago. Estamos
trabajando para eso.
M- ¿Cuándo vino?
P- Vine ayer, con la esperanza de conversar un ratico con Ud. y
traerle un saludo de los santiagueros, que la quieren y la
respetan mucho...
M- ¿Ud. vive en el mismo Santiago?
P- Sí. En la Avenida Garzón, cerquita del Moncada.
M- ¿Están contentos los santiagueros?
P- El santiaguero siempre está alegre. Ya Ud. sabe como es el
santiaguero: muy trabajador y muy carnavalero.
M- Y Ud. ¿cómo se siente?
P- Muy bien. Estaba mirando el jardín y esas flores que Ud. le ha
puesto a Celia Sánchez. Son flores bellísimas. ¿A Ud. le gusta un
tipo de flor, especialmente?
M- A mí me gustan todas.
P- Ud. siempre tiene una respuesta precisa. Por algo es
abogada. ¿Le hubiera gustado otra profesión?
M- Bueno, en verdad yo lo que soy es revolucionaria. Y lo voy a ser
toda la vida, porque es la mejor profesión del mundo.
P- El otro día, leyendo un libro suyo sobre Vietnam, recordé
aquellos años en que todos estábamos impresionados por la
lucha de los vietnamitas...
M- ¿Ud. fue allá?
P- No. Por las noticias que impresionaban. ¿A Ud. le ocurrió igual
cuando estuvo en Vietnam?
M- Yo fui varias veces, cuando la guerra; luego, como Embajadora
varios años. Y quiero mucho a los vietnamitas, por su valentía.
Así quiero a Santiago de Cuba y a los santiagueros.
P- También los santiagueros la admiran a Ud.
M- Hay alguien a quien los santiagueros deben querer mucho: es a
Haydée...
Melba Hernández guarda silencio y fija la mirada en un punto indefinido, como reflexionando o recordando a la hermana en el combate, en la alegría y en las penas.
M- Todos los cubanos debieran tenerla siempre en el pensamiento,
y a Fidel, Raúl, Almeida, Abel, Boris Luis...
P- Santiago siempre recuerda a los héroes y mártires de la
Revolución. Es una manera de agradecerles a ustedes que
escribieron la historia.
M- A Santiago de Cuba hay que cuidarla mucho. Hay que saber
siempre cómo marcha Santiago, porque Santiago tiene que ser
como una bandera cubana. A Santiago debemos llevarla todos
los cubanos en el corazón, porque Santiago no solo es historia
sino símbolo. Ese pueblo es siempre el mismo: muy
revolucionario. Y por lo que Ud. dice se están haciendo muchas
cosas allá...
P- Estamos haciendo alrededor de mil obras. Unas para el 26, otras
para el aniversario del Triunfo de la Revolución, algunas para
más adelante, pero de lleno ahora en el Acueducto de la
ciudad, para resolver el problema del agua, que viene desde los
españoles.
M- ¡Ay qué bueno! Entonces no va a faltar el agua allá. Eso es una
de las mejores cosas que he oído. Los santiagueros se merecen
eso y mucho más, porque Santiago de Cuba es una enseñanza.
¿Tú no lo ves así? Mira, ayer vino Guitart, el hermano de Renato.
Cuando él está aquí hablamos de Santiago, de Renato.
P- Hace poco estuve por Cienfuegos y me hubiese gustado ir a
Cruces.
M- Mira eso, yo soy de Cruces. Si vas por allá seguramente te van
hablar de Corina.
P- Melba, ¿quién es Corina?
M- Fue una maestra en Cruces. Fue maestra de la generación de
mi mamá; fue maestra de mi generación; fue una veterana.
Mucho del amor que yo siento por la Patria me lo inculcó ella.
Los días luctuosos de la Patria ahí estaba Corina con un
brazalete negro. Ella supo ser maestra, patriota y
formadora de varias generaciones del pueblo. Si Ud. le dedica a
Corina algo especial en su trabajo, yo voy a estar muy contenta.
Sin mis padres y sin ella yo no hubiera sido la patriota que soy.
Murió en Cruces, muy viejita. Nunca salió de allí. La escuela lleva
su nombre: Corina Rodríguez, y cada vez que voy allá la visito.
P- ¿Le gustan los boleros?
M- ¿Los boleros? Y la conga santiaguera... No, yo no tengo mucha
experiencia en cosas musicales. Pero le digo ¿quién puede
hablar de Santiago sin la conga? Yo quiero tanto a Santiago...
Fíjese: anoche soñé mucho con Santiago de Cuba. Parece que
como me habían dicho que venía un santiaguero, me acosté con
eso en la cabeza y me pasé toda la noche soñando con Santiago
de Cuba. Hace tiempo que no voy.
P- Este año la vamos a esperar allá, en el aniversario 55 del
Moncada, para que vea todo lo que estamos haciendo, y para
llevarla al desfile del Carnaval. A lo mejor se embulla y echa un
pie con Los Hoyos... ¿Ud. ha arrollado alguna vez?
M- No, qué va. No tuve tiempo. Todo se lo dediqué a la Revolución.
Pero después del triunfo, Almeida, cuando estaba allá, me llevó
a un Carnaval, y hasta en eso los santiagueros tienen una
historia muy bella. Dígame una cosa, ¿el santiaguero está
consciente de que es parte de la historia revolucionaria de Cuba?
P- El santiaguero ve como algo normal lo vivido: la ayuda que les
brindó a los moncadistas, la lucha clandestina, sus héroes y
mártires; su identificación con la Revolución y sus líderes.
M- ¿Verdad? Mis compañeros caídos en el Moncada estarían muy
orgullosos de los santiagueros, porque como le dije, Santiago es
una enseñanza, es algo especial, y cuando he estado allá
me siento distinta. Allí está mi amor, mi corazón. Fuimos a
Santiago de Cuba llenos de esperanzas y la reacción de ese
pueblo hacia los asaltantes del Moncada fue inolvidable. Si
retrocediéramos en el tiempo, si yo reencarnara mi juventud, no
dudaría un minuto en volver a protagonizar aquella acción.
Nunca me he arrepentido, y considero que el honor más
grande que tengo es haber ido aquel día al Moncada. Yo
deseaba tanto conocer a Santiago de Cuba... Cuando se entra
por la Carretera Central y uno ve la ciudad, la emoción es
indescriptible. Aquella vez era Carnaval. Fidel, Abel, Boris Luis
nos cuidaban mucho a Yeyé y a mí. Muchos se oponían a
nuestra participación... Yeyé y yo éramos dos leonas
defendiendo el derecho por ir a la acción. Eso fue muy lindo, porque nosotras llegamos hasta Siboney, nos enseñaron la casa y nos dijeron: ´Bueno, ustedes aquí nos esperan...´ Cómo que nos esperan . ´No, porque nosotros vamos... es corto tiempo, y al seguir para La Habana las recogemos´. Entonces nos opusimos. De ninguna manera. Eso fue peleado. Fidel... bueno, recuerdo que Fidel estaba calladito y oía a todo el mundo opinar. Nunca olvidaré cuando Mario Muñoz dijo que si hasta ese momento habíamos trabajado tanto y bien, teníamos derecho; que por el hecho de ser mujeres no había diferencia. Y Fidel se puso muy contento. Pienso que no debe haber sido un momento fácil para él por su responsabilidad, pero luego de la intervención de Mario Muñoz se puso muy contento. Y fuimos a la acción. Yeyé y yo siempre juntas. Cuando el asalto, en el Vivac, en el juicio, en la cárcel de Guanajay. Por suerte nunca nos separaron, porque si no nos matan.
P- ¿Su familia sabía de Uds. ?
M- Fíjate, el 28 de julio, mi cumpleaños, estábamos en el Vivac. Hasta allí fue mi madre a vernos. Esa fue una madre... Fue a Santiago de Cuba a defender nuestra suerte. A mí me parece que tú, como periodista santiaguero, le debes dedicar a esa parte un interés especial, porque nunca en las entrevistas sobre el Moncada hablamos de mi mamá. Yo sí creo que tú este 26 de Julio lo puedes hacer, no porque fuera mi madre sino porque fue una regia mujer y mucho más en aquel momento. Fue, junto con mi padre, desde aquí hasta Santiago, visitando lugares, buscándonos. Y cuando llegó al Vivac... Mira, para poder avanzar le costó mucho trabajo, pero ella impresionó a la gente que sabía que era la madre de las muchachas del Moncada. Y esto que te voy a decir ahora es muy importante: Contó con un gran apoyo de los santiagueros. Los santiagueros la guiaron, la llevaron a lugares, al Vivac, les contaron todo sobre el día de la acción. Nunca yo había hablado de esto, y para mi mamá y para todos los cubanos, gracias que existía y existe un pueblo como el santiaguero, al que hay que estar agradecido. Por ejemplo, yo no olvido un instante a Vilma. Cuando la conocí supe lo que era una santiaguera. Cantaba muy lindo y era muy dulce, pero firme, combativa. Ella fue quien me enseñó en el cementerio de Santa Ifigenia, la tumba donde estaban nuestros compañeros del Moncada, y me llevó a la del padre de Renato Guitart, quien fue un bravo aquel 26 de Julio en que le asesinaron a su hijo.
P- Melba, parece que su carácter, su ternura, su entereza le vienen
de Elena, su madre. ¿O de Manuel, su papá?
M- Me viene de los dos. Papaíto fue revolucionario de siempre,
luchador, defensor de los trabajadores. Mi papá en verdad formó
a mi mamá, porque en aquella época de ella qué señora se
lanzaba por ahí por el país, desafiando al gobierno. Mi mamá
acompañaba a mi papá a todas partes. Él estuvo preso por su
lucha contra los gobiernos corruptos... Era como un líder en
Cruces, un hombre muy respetado.
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Incumplí absolutamente todas las orientaciones que había recibido para encontrarme con la heroína del Moncada, no por mí sino porque fue ella quien fue envolviendo al periodista en su hablar pausado, meditado, como para ayudarse a no pasar por alto ningún elemento de su manifestado interés por conocer más de Santiago de Cuba. Ni se cumplió el horario estipulado: No más de media hora de conversación ni los tres temas que llevaba en una minúscula hoja de papel. Todo quedó a un lado y el diálogo fluyó. En no menos de 50 oportunidades Melba mencionó las palabras mágicas: Santiago de Cuba y santiaguero. Ella se dio cuenta de mi satisfacción.
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M-La conversación ha sido buena ¿verdad?
P- Más que buena. Ha sido mucho más de lo que yo aspiraba. No le
ocupo más tiempo. Hace rato me están haciendo señas. Solo un
detalle: Que como estamos cerca del 26 de Julio, si Ud. quiere
enviarle algún mensaje al pueblo de Santiago de Cuba...
M- Que le estoy eternamente agradecida y que alcance todo lo que
se ha propuesto.
P- Le agradezco su tiempo. No siempre uno tiene posibilidad de
conversar con la historia y Ud. me ha concedido ese privilegio.
M- Y Ud. a mí el haber conversado con un santiaguero y sobre
Santiago de Cuba que tanto quiero.