Cuando la vi el pasado curso frente al aula de mi pequeña, sentí recelos, era tan jovencita que jamás imaginé el temperamento y la responsabilidad que escondía detrás de ese rostro tan menudo.
Pero como dice el refrán: No hay nada más cierto que un día tras otro. Así se fue ganando mi confianza, mi respeto y el de muchos padres del grupo. Así se fue haciendo querida e imprescindible entre sus alumnos.
Cuando el curso acabó, la vi llorar prendida de los niños y no pocas mamás disimulamos para secarnos las lágrimas, porque Antonia de la Caridad Bonet Solís -con solo dos años de graduada- es un ejemplo de que el relevo está garantizado.
Por eso al llegar otro 22 de diciembre, fecha en que se reconoce la labor de los educadores cubanos, no dudé en buscarla para escribir estas líneas, como una sencilla muestra de admiración, y en desagravio a lo que intuitivo pensé cuando la vi por vez primera.
“Estoy haciendo la Licenciatura y te confieso que cada día me enamoro más de mi profesión, interactuar con los niños ennoblece, es adentrarte en un mundo fascinante, en el que vuelves a recordar tu infancia.
“Pero también implica superarte a cada instante, pues a veces vienen con preguntas que... Entonces hay que prepararse bien para no pifiar.
“Corren tiempos difíciles y la familia a veces imbuida en el trabajo, en los quehaceres del hogar, y los problemas por resolver, no les dedica el tiempo que los pequeños requieren -es evidente- tareas sin hacer, libros y libretas mal forradas, desconocimiento, falta de modales, ausencia de educación formal, y en ocasiones una buena dosis de desamor... Y ahí está el maestro, que amén de tener dominio de las asignaturas que imparte, tiene que percibir qué más puede hacer por sus alumnos.“Estoy feliz por los resultados del pasado curso, ahora me esfuerzo por ser cada día mejor, propósito que es imposible de lograr sin el apoyo de mi familia, de mi pareja, de mis compañeros de labor, sin la confianza de Josefina Carela, directora del seminternado Lidia Esther Doce Sánchez, sin la ayuda y el respeto de los padres, y especialmente sin el cariño y perseverancia de una colega que se ha convertido en paradigma, en mi ángel guardián, porque intenta que yo aprenda de su experiencia y bebe de los bríos de mi juventud . A la amiga Luisa, también le debo esta inmensa dicha”.
Educar es aprender dos veces
Cómo se las arregla para cautivar al más inquieto de sus alumnos, no lo sé; lo cierto es que tiene una manera peculiar de controlar la algarabía de un Tercer Grado, que en nada se parece al de mis años de infancia.
'Están alimentados con pica pica', decía y sonreía al contarme las historias de esos pilluelos, que la hacen sentir la mujer más dichosa del mundo.
Su nombre es Luisa Ferrer Nápoles, aunque cuando escucha profe, seño, maestra, se siente igual de orgullosa; hace 40 años que prestigia el sector de la educación santiaguero, por eso en 2009 recibió la medalla Rafael María de Mendive, por eso tiene mucho que aportar a las actuales y futuras generaciones de educadores.
“Confieso que prefería ser logopeda -para entonces no llegaron plazas al Oriente cubano- y tuve que elegir el magisterio; me gradué en la Formadora de Maestros en julio de 1978, y creo ha sido la elección más acertada de mi vida.
“Vinieron años difíciles, trabajé hasta 1992 en escuelas rurales, también en un internado de Uvero. En 2008 me gradué de Master en Ciencias de la Educación y laboro en el seminternado Lidia Doce desde hace 15 años; sin duda un gran reto, pues el centro está permeado de un excelente claustro, y tiene una tradición por sus resultados docente -educativo; por eso, quienes hoy estamos frente a las aulas debemos honrar la obra de decenas de buenos maestros que han pasado por esta institución.“Los alumnos de ayer, ahora son papá y mamá de los estudiantes de hoy, es una cadena digna de elogiar. Hay profes que con orgullo han forjado a toda una familia, y créeme, es reconfortante cuando en la calle nos paran, nos abrazan, cuando en un hospital el médico que te asiste fue tu alumno, cuando los ves convertidos en bomberos, bailarinas, deportistas, panaderos, dependientes... Sientes una satisfacción envidiable, tus horas de desvelos preparando una clase, tus ansias de superación, tu esfuerzo cotidiano no fue en vano.
“El secreto está en apretar y soltar la mano, una de cal y otra de arena; se puede ser estricta con el cumplimiento de las tareas, con la disciplina y el respeto entre compañeros, y a la vez ser dulce cuando se sienten mal, cuando no entienden la lección o el gorrión les envuelve.
“Nuestros peques son como los adultos, tienen días buenos y malos, muchas veces están alegres y otras los abruma la tristeza; quizás con otras preocupaciones, pero se afligen; si en casa algo anda mal, si los padres discuten, si la abuela está enferma, o el ambiente no es sano... Son el espejo de su hogar.
“Por eso es preciso brindarles una atención personalizada más allá de la instrucción que es la base, yo diría que conocer cada estudiante al detalle complementa la labor del maestro. Sus padres lo entregan a la institución en las primeras horas del día, y no los vuelven a ver hasta la tarde noche, somos nosotros, en la escuela, esa extensión de la familia.
“Les contaré un secreto, tengo la suerte -quizás- de que casi todos los estudiantes indisciplinados, o los hiperactivos, se acerquen a mí de una manera especial, y mira que soy exigente, pero no los rechazo, con ellos me entiendo como abeja al panal, y eso me gusta, es otro reto que asumo, pues al final les hago cambiar y me enorgullece cuando todos a su alrededor notan la diferencia.
“La vida me ha premiado, no solo por esta bella profesión, tuve la suerte de que mi único hijo, Yamel Maceo Ferrer, siguiera mis pasos y hoy es maestro de la escuela #23 Carlos Manuel de Céspedes; la vida me ha premiado con Hermes, mi adorable esposo, que me acompaña y me apoya para que yo pueda realizarme sin tensiones, es mi brazo derecho e izquierdo. Me ha premiado con un nieto que está en 5to grado, y ahora formarlo como un hombre de bien es otra de mis metas. Sin duda lograr el equilibrio en el hogar es imprescindible, ellos son pilares en mi vida.
“Pero también he sido premiada con el don de ejercer este oficio de ángeles, que es como pulir un granito de oro que encontraste en bruto, hacer de él una joya, con valores, modales, con conocimiento y cultura, con sentido de humanismo y responsabilidad, esa es la misión.
“La recompensa, recibir sus dibujos y sus cartas donde me dicen eres mi mamá, te amo... A ellos, a los peques de ayer y los de hoy les digo: También les amo, son ustedes, mis alumnos, la razón de vivir tantos años de entrega a puro corazón”.