Cuando José Álvarez Ayra, o mejor como todos los conocemos en Cuba y más allá: el Mago Ayra, entró a la sala del teatro Trocha, en Santiago de Cuba, vivió una de las más grandes emociones de su vida: el recinto estaba lleno de niños quienes de pie lo aplaudieron con vehemencia.
Con un espectáculo dirigido por su entrañable compañero Reynaldo López, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas homenajeó al maestro por sus 55 años de vida artística.
Fue un momento muy especial, porque esta figura internacional de la magia, fue distinguida por la Asamblea Municipal del Poder Popular con una de las más altas condecoraciones que entrega a quienes consagran su existencia al beneficio de los santiagueros: el Escudo de la Ciudad.
Pero no solo fue el Gobierno en el municipio el que tuvo la deferencia con Ayra, pues también lo hicieron la dirección del Partido Comunista de Cuba y del Poder Popular en la provincia, con un cuadro alegórico a José Martí, Fidel Castro, Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales; y las direcciones municipal y provincial de Cultura; la Casa del Caribe, la propia Artes Escénicas, la Fundación Caguayo, el Taller Cultural Luis Díaz Oduardo, con un cuadro del inolvidable maestro José Julián Aguilera Vicente…
Otros momentos sumamente emotivos acontecieron en el “Trocha”, para enaltecer la vida y obra del homenajeado, por ejemplo: Dalia Leyva, actriz de Calibán Teatro, dedicó par de declamaciones escritas por ella especialmente para el Mago. Y siguió lo mejor de la tarde: el grupo Variedades Santiago, con el que el artista ha desarrollado la mayor parte de su labor profesional, actuó para él. Y magos de la ciudad reeditaron números antológicos de Ayra como los aros chinos, Copenetro, Los pompones… Entre quienes actuaron se encontraban muchachos graduados del curso de formación de magos, promovido e impartido por Ayra.
Visiblemente emocionado y feliz, José Álvarez subió al escenario y agradeció las muestras de simpatía y amor de que fue objeto, y accedió a fotografiarse con los niños, los elencos artísticos y las autoridades de la ciudad que participaron en el homenaje.
“No creo merecer tantas atenciones; solo he trabajado incansablemente para alegrarlos y ahora ustedes me alegran a mí”, dijo Ayra. Y sus palabras, y sus lágrimas también, fueron retribuidas con el mayor de los aplausos que un mago pueda recibir.