Hay historias horribles de niños muertos por accidentes domésticos, de tránsito o por ahogamiento en áreas de baño. Lo peor es que, aunque son prevenibles; estas desgracias ocurren cada año.
Todo cuidado es poco cuando de preservar la salud y la vida de nuestros hijos se trata. Una regla vital es conocer las características de cada edad; así será más fácil evitar que se lastimen.
A los bebés nunca se les puede dejar solos ni por un momento, cuando están cerca de recipientes con agua (palanganas, bañaderas, cubos, etc.); o sobre una superficie elevada (por ejemplo, si se ponen sobre la cama o sobre una mesa para cambiarles el pañal).
A medida que se acercan a su primer añito, los nenes empiezan a llevarse las manos y objetos a la boca, por eso es fundamental que los padres y cuidadores se aseguren de que solo manipulen juguetes y otros artículos destinados a ellos. Por supuesto, estas cosas deben lavarse y revisarse frecuentemente. Además, al menos durante los primeros cuatro años de vida, no es aconsejable que manipulen juguetes u otros objetos con piezas muy pequeñas, ya que pueden introducirlas en su boca, oídos o fosas nasales.
Cuando los nenes comienzan a gatear y a caminar hay que mantenerlos lejos de lugares peligrosos (cocina, baño, balcones). Si hay escaleras, los mayores deben impedirles el acceso: es bueno poner barreras como rastrillos en los extremos, para que no suban o bajen solos.
Nunca está demás reparar losas sueltas en el enchape del baño, que pueden partirse con facilidad, fijar bien los pasamanos o barandas de las escaleras, y para las puertas y ventanas de cristal, usar un vidrio resistente. También deben mantenerse alejados del alcance de los niños todos los objetos pesados y los de cerámica o cristal. Además, los muebles donde se ponen electrodomésticos (televisor, equipo de música, DVD y ventiladores), deben ser firmes y colocarse de manera que los nenes no puedan empujarlos.
Según la pediatra Gelsy Reyes Agramonte, además de vigilar a sus hijos, los padres tienen que saber orientar su curiosidad, frenar la desobediencia, y enseñarles todo lo posible sobre cómo evitar accidentes.
Los niños pequeños corren y trepan: lo mismo se suben a una silla que a un armario, si encuentran las condiciones propicias. Abren pomos y otros recipientes, y examinan todo lo que les llame la atención en su entorno; además intentan imitar a sus mayores, haciendo cosas que les ven hacer con frecuencia. A decir de la especialista, es importante estar muy atentos a sus travesuras, hablarles de los peligros a que se exponen si hacen esto o aquello; y aconsejarles cómo comportarse.
Además, hay que mantener fuera de la vista y del alcance de los niños los cuchillos, tijeras, máquinas de afeitar, las planchas (de pelo y de ropa), las tenazas eléctricas, los fósforos y fosforeras, las medicinas y los productos químicos (combustibles, detergente, lejía, desengrasantes, desincrustantes, aromatizantes, etc.) . Para evitar confusiones, todos estos productos deben conservarse en sus envases originales, pues los identifican claramente.
Las quemaduras son accidentes muy frecuentes y pueden llegar a causar daños graves. Por eso nunca se debe manipular agua caliente cerca de los niños; tampoco deben ponerse a enfriar las comidas o bebidas cerca de ellos, o en sitios donde puedan agarrar el recipiente que las contenga, para evitar que se viertan encima sopas, potajes, leche, té u otros alimentos calientes. Es bueno comprobar la temperatura del agua de bañarlos y enseñarles a comprobarla ellos mismos.
Para evitar lesiones por la electricidad, los adultos tienen que vigilar los equipos encendidos e impedir que los niños puedan manipularlos de forma inadecuada; es mejor no usar cables empalmados y desconectar las extensiones una vez que terminó su uso. Asimismo, hay que enseñar a los hijos a no tocar enchufes si están descalzos, o con las manos o los pies mojados.
Según la doctora Reyes, entre los cinco y los siete años, los pequeños son cada vez más autónomos: salen a jugar a la calle y a veces, algunos padres excesivamente confiados los dejan ir solos a la escuela o acompañados de otros niños un poco mayores. De ahí que el peligro de accidentes se incremente, pues su espacio de interacción no es solo el hogar, ahora también se enfrentan a la vía.
Desde los siete y hasta los 12, los muchachos se van haciendo más independientes; en la mayoría de los casos los juegos en la calle son cosa diaria, y no siempre se dan cerca de la casa; además algunos niños se van a montar bicicleta por el barrio; se van con sus amigos a hacer deportes o a otras actividades por su cuenta.
Por eso, es muy importante establecer reglas de convivencia y disciplina, y hablarles del peligro de ciertos juegos y enseñarles cómo comportarse en la vía.
Es aconsejable fomentar su educación vial; un buen método es, desde que son pequeños, aprovechar las caminatas a la escuela o los paseos para hacerles notar qué precauciones deben tener en la calle. Que aprendan a caminar siempre por las aceras evitando el juego y prestando especial atención a las entradas y salidas de garajes, a los pasos de cebra, y por supuesto, al tránsito de vehículos.
A los padres nos toca acatar las normas vigentes que prohíben que los niños pequeños monten en motores sin sidecar, o que vayan en el asiento delantero de los autos.
En Santiago de Cuba la mayoría de los accidentes fatales para los niños se asocian a ahogamientos, caída desde alturas, asfixia por sumersión y accidentes de tránsito. En 2017, unos 15 niños murieron por estas causas; y en lo que va de 2018 se han registrado13 fallecimientos.