Santiago de Cuba es una provincia que se renueva para el bienestar de sus habitantes y para impulsar el desarrollo local. La llamada tierra indómita exhibe hoy resultados loables en términos de beneficio social, y apuesta por impulsar su economía con proyectos que aprovechan las potencialidades del territorio.
Sin embargo, no siempre fue así. Tras la devastación económica del período especial, el territorio quedó con un saldo de fábricas, tiendas, restaurantes y centros recreativos cerrados, o funcionando con muchas dificultades.
El cambio no se produjo de un tirón, hace una década comenzaron a establecerse nuevos sistemas de trabajo para la dirección del territorio. Se hicieron habituales los recorridos de las máximas autoridades lo mismo por las más céntricas arterias de la ciudad que por las barriadas menos favorecidas; lo mismo por los campos que por la costa. De esas jornadas de intercambio de las autoridades con el pueblo, surgieron medidas de beneficio popular.
Cuántas panaderías, bodegas, mercaditos, escuelas y policlínicos recibieron recursos para mejorar su servicio. No obstante, el punto de giro en la historia más reciente de Santiago fue el saldo de destrucción que dejó el huracán Sandy en 2012: 15 889 viviendas con afectaciones parciales y más de 171 380 derrumbes totales; además de serios perjuicios a cientos de inmuebles estatales.
A esto el gobierno cubano respondió con un programa de rehabilitación de inmuebles que incluyó la bonificación de los precios de los materiales y el otorgamiento de créditos bancarios para solventar las obras, o de subsidios. Asimismo, se planificó la construcción de unas 29 000 casas.
La necesidad obligó a transformar las capacidades constructivas de esta provincia que, a mucho dar, podía erigir unas 1400 al año.
Actualmente, el propósito no es solo resarcir los daños causados por “Sandy” –empeño que ya supera el 80%-; sino reducir un déficit de 101 200 viviendas, dado por crecimiento poblacional. Para que se tenga una idea baste decir que en este año, según informe de la Asamblea Provincial del Poder Popular, deben entregarse 2 494 casas y 2 000 más, por encima del plan.
Pero esta es solo una arista de la transformación. Con motivo de los aniversarios 60 y 65 del asalto al Moncada y 500 de la fundación de la villa de Santiago de Cuba, se han reparado edificios y espacios emblemáticos, algunos que se resistían al paso del tiempo y otros que parecían agonizar en plena ciudad. La Catedral y el Hotel Imperial, la calle Enramadas, el Parque de los Sueños, el parque Abel Santamaría, la avenida Garzón, el Coppelia, la galería Arte soy y el paseo marítimo de La Alameda, son algunos de los muchos exponentes de la renovación.
Asimismo, se han creado nuevos centros comerciales y recreativos, además se ha trabajado en la imagen de la urbe no solo para imprimir belleza a sus edificios y áreas públicas, sino para reflejar las tradiciones y afianzar la identidad del santiaguero (esculturas, luminarias de decoración, gigantografías, vallas, slogans, pantallas gigantes, personajes como los Chaguitos).
La elaboración y comercialización de alimentos es otra de las esperas que ha cambiado para bien. La lista es larga: desde la reapertura de decenas de fábricas de pastas, galletas y panqués; pasando por el remozamiento de restaurantes, cafeterías, panaderías y dulcerías; la promoción de festivales de la gastronomía (comida rápida, helados, platos tradicionales, etc.) y la creación de decenas de centros especializados en todo el territorio.
Las transformaciones continúan y ahora impactan a esferas como el turismo y el comercio en divisa; sin embargo, a juicio de esta reportera, lo más novedoso en esta vorágine es el movimiento Santiago Arde, expresión del principio fidelista de que Revolución es ser tratados y tratar a los demás como seres humanos.
Aunque los santiagueros veíamos con beneplácito cada mejora en las zonas céntricas de la ciudad, durante años persistió la insatisfacción de que algunos barrios continuaban estancados en la fealdad. El estado deplorable de varias calles y edificaciones y la pobreza de servicios componían la cotidianidad de no pocas comunidades, hasta que comenzó este programa.
Santiago Arde ha promovido la apertura de mercados agropecuarios, mercados Ideal, tiendas de productos artesanales e industriales, carnicerías especializadas, refresqueras, fondas, cremerías, hamburgueseras, parques infantiles, gimnasios biosaludables y Joven Clubes de Computación; también se han remozado escuelas, bodegas, correos, consultorios, y se instaló alumbrado público LED. Asimismo, se rehabilitan fachadas de viviendas y se cambian puertas y ventanas.
El programa incluye servicios de importancia capital como los que se ofrecen en el Hospital Infantil Sur, cuyas salas de Hematología y Oncología recibieron mejoras como la climatización de todas las áreas, el cambio de la carpintería de madera por puertas y ventanas metal y cristal; se puso teléfono y televisor en los cubículos; se remozaron y equiparon las áreas de cocina-comedor y el pantry; se enchaparon las paredes como lo dictan las normas sanitarias; se remodelaron completamente los baños, y se instalaron paneles solares y tanques en la cubierta del pabellón para que no falte agua –fría y caliente; y se optimizaron las condiciones para la preparación y aplicación de los tratamientos quimioterapéuticos.
Son muchísimos los ejemplos de cuánto se ha transformado esta provincia, y para suerte de los que la habitamos continúan surgiendo nuevos inmuebles y servicios. Santiago es una tierra viva que cada vez tiene más que ofrecer a su pueblo y a quienes la visiten.