Dicen quienes lo conocieron, que el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque era de esos hombres a quien sus compañeros admiraban por su humildad, nobleza, modestia y sencillez, valores que siempre lo acompañaron y lo hicieron ejemplo de ser humano.
Su valentía en el combate y su voz que retumbó en Alegría de Pío con aquel “Aquí no se rinde nadie c….”, lo convirtió en uno de los líderes más queridos para el pueblo cubano. Años más tarde, por todos los atributos antes mencionados, se convierte en jefe del III Frente Guerrillero Mario Muñoz Monroy, en el corazón de la Sierra Maestra, donde peleó y dejó sus huellas para siempre.
Vivió cientos de historias junto al Comandante Fidel Castro, fue un hombre de pueblo, revolucionario, y con una prolífera vida como compositor y músico; no podemos olvidar que entre sus canciones está:
A Santiago:
Mi Santiago,
tu Santiago,
nuestro Santiago,
un pedacito de Cuba es.
Las estrellas más brillantes en sus noches,
y de día más caliente sale el sol.
Sus mujeres son palmeras que se mueven
al conjuro de la brisa tropical.
Si te miran unos ojos, ten cuidado,
porque besan al mirar.
Si me dicen que estás triste,
no te creo.
Cuando quieras tu tristezas disipar,
ven conmigo a Santiago,
a mi Santiago,
nuestro Santiago,
en festival.
En esta canción quedó plasmado su amor por Santiago de Cuba, y quienes estuvieron cerca de él expresan que en una ocasión manifestó: “Yo soy como los santiagueros, que dan vueltas y vueltas y regresan a su Santiago”.